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¡Se la comieron!

¡Se la comieron!

Ciro Bianchi Ross

Caricatura de Laz

 

Hay frases y palabras que se usaban mucho cuando yo era niño y que no escucho desde hace largo tiempo.

            Cuando se decía, por ejemplo, “se armó la de Pancho Alday”, ya se sabía que la cosa había terminado en tragedia, gritos, fajazón.  Equivalía a “acabó como la fiesta del Guatao”, aunque nadie sabe con certeza qué pasó en dicha localidad. En un excelente reportaje, el periodista y narrador Gregorio Ortega trató de investigarlo hace muchos años y allegó en su pesquisa mil versiones sin que supiera al final cuál era la verdadera. Como tampoco se conoce con precisión qué pasó en un pueblo de la provincia de Matanzas que dio pie a la no menos famosa frase de “a correr liberales de Perico”, aunque leí en alguna parte que el autor de la recordada expresión fue el político Aquilino Lombart.

            Palabras que ya no se escuchan tampoco son “flus” –corrupción de “flux”- por traje, juego de pantalón y chaqueta, terno. Tampoco se escucha “abombada” por “tibia”, y “con kile” cayó también en el olvido como sinónimo de “mucho”: comió “con kile”, corrió “con kile”. Lo mismo pasó con “habitante” por “infeliz, menesteroso, desposeído, olvidado de la fortuna”.

            Cuando yo era niño oía decir “Fulano es un habitante”, y no encontraba el sentido del asunto porque pensaba que todos somos habitantes. Solo muchos años después, como quien dice ayer, hallé la explicación del vocablo. En Cuba, en el siglo XVII, había vecinos y habitantes. Los vecinos tenían entre sus derechos el de elegir a los alcaldes y a los regidores y de disfrutar de tierras para edificar, labrar y criar ganado. Los habitantes carecían de esos privilegios.

            “Encartonado” o “acartonado” son palabras también en desuso. Se decía de quien curado de una tuberculosis lucía débil y pálido de por vida.

            Hubo aquí “acartonados” famosos, como el actor Alberto Garrido, el popular negrito del vernáculo. Y Carlos Manuel Palma, político, abogado –El Abogado de las Mujeres- y director de la revista Show, dedicada a la farándula y en la que Palmita aparecía en todas y en cada una de sus páginas.

Palmita era un fotomaníaco. En su casa, cuidadosamente enmarcadas, autografiadas y colgadas en las paredes, había fotos de Palma con Perón, Frank Sinatra, Pérez Prado, Tongolele, Batista, Hemingway, Kid Gavilán… y hasta una foto de Palma solo con una foto de Palma al lado.

 Palma se pasó 50 años tosiendo y murió, ya muy viejo, de otra cosa: lo atropelló un ómnibus en la Infanta y Humbolt, justo en la esquina de su casa.

            Otro “encartonado” ilustre fue Carlos Márquez Sterling, presidente de la Asamblea Constituyente de 1940 y candidato presidencial en la farsa electoral del 3 de noviembre de 1958.

            De Márquez Sterling hay una anécdota sabrosa. Resulta que Batista quería que la Constitución del 40 se proclamara cuanto antes y no encontró forma mejor de apurarla que “tocar” con 25 mil pesos a los principales factores de la Asamblea. Pero dejó a Márquez Sterling fuera del juego y el tipo, que no tenía nada de bobo, empezó a frenar las sesiones y así lo hizo hasta recibir su tajada. Con el dinero, se fabricó la casa de la avenida Santa Catalina esquina a Luz Caballero, en la habanera barriada de Santos Suárez. Y la gente, con sorna, llamaba a esa residencia Villa Constituyente.

            Otra frase olvidada: “Cayó como warandol de a peso”. El warandol era una tela buena, ancha y barata, con mucha demanda entre los sectores más populares. De ahí que “Cayó como warandol de a peso” era sinónimo de algo bien recibido.

            Cierro este pequeño catauro con otra frase: “¡Se la comió!” “¡Se la comieron!” No está precisamente en desuso. Se sigue usando para expresar lo equivocado que está alguien con respecto a algo o para catalogar una colosal metedura de pata.

            Pues bien, la frase se originó  durante la revolución liberal de La Chambelona, de febrero de 1917.  EE UU le declararía la guerra a Alemania, lo que Cuba no demoraría en hacer, y varios senadores norteamericanos acusaron a los liberales cubanos de germanófilos y  estar pagados por los alemanes.  A lo que un cubano que sabía bien por dónde andaba la cosa, respondió: “¡Se la comieron!”.

            

 

 

 

 

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