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Anaís Nin: Retrato de familia

Anaís Nin: Retrato de familia

Ciro Bianchi Ross 

 

Thorwald Culmell, el abuelo materno de Anaís Nin, era un danés afincado en La Habana, donde llegó a asumir la representación consular de su país y fue partidario decidido de la independencia de Cuba. Le apodaban Papató y tuvo ocho hijas con la francesa Anaís Vaurigard. Como la escritora dice en su Diario llamarse Ángeles Anaís Antolina Rosa Edelmira, es de suponer que esos fuesen los nombres de casi todas las hijas del acaudalado Papató. De ellas, Rosa casó con Joaquín Nin Castellanos; Anaís, con Bernabé Sánchez Batista, y Antolina lo hizo con Rafael de Cárdenas Benítez. Poco agradaron a Papató los amores de Rosa con aquel joven aspirante a músico que quería labrarse un destino como concertista y compositor. Pero debe haber visto con muy buenos ojos los matrimonios de Anaís y Antolina. Bernabé, que llegaría a ser Gobernador de la provincia de Camagüey, era propietario en esa zona de la finca Santa Beatriz y de una  casa comercial con sede en el puerto de Nuevitas que se consideraba como la más pujante de toda la provincia, en tanto que Rafael, abogado, era uno de los generales más jóvenes del Ejército Libertador.

            Aprovecharé el espacio de hoy para dar continuidad al tema de los vínculos cubanos de Anaís Nin, la escritora norteamericana de Invierno de artificio y Pájaros de fuego que con sus novelas-río y sobre todo con su Diario creó un espejo de la vida y lo hizo, y esto es lo importante, con una conciencia femenina.

EL TÍO RAFAEL

Sobre la familia de Rafael de Cárdenas habló el poeta Julián del Casal por lo menos en dos de sus crónicas. Nicolás, su antecesor, era, dice Casal, “un distinguido caballero y notable sportsman”,  miembro del Club de Esgrima de La Habana. El poeta estaba entre los asistentes al buffet que don Nicolás ofreció en su casa con motivo de la inauguración de dicho Club, en junio de 1888. “Después de saborear exquisitos fiambres y primores de repostería, apuntaba Casal, se invitó al señor Enrique José Varona, en nombre de los concurrentes, a que brindara, haciéndolo con la oportunidad y el arte del que él solo es capaz”. El poeta, en su crónica, ensalzó la casa de la familia Cárdenas como “de las mejores de La Habana”, y afirmó al respecto: “…pocas veces la riqueza se encuentra tan estrechamente enlazada al buen gusto. Pensad en lo más exquisito, en lo más valioso, en lo más original y la realidad sobrepujará vuestros pensamientos…”. Uno de los pisos de la mansión, que se ubicaba frente al parque de Isabel la Católica, lo ocupaba Guillermo Collazo, “cumplido caballero y una de nuestras glorias pictóricas”, que estaba casado con Ángela, cuñada de Nicolás y tía, por tanto de Rafael. El pintor Collazo (1850-1896) fue uno de nuestros grandes retratistas y llegó a tener éxito en París, donde contó con estudio propio. Amigo de Martí, sirvió de padrino a este cuando lo recomendó como crítico de arte al director de la revista norteamericana The Tour.

            Rafael de Cárdenas se incorporó a la guerra por la independencia con 26 años de edad y llegó a ser jefe de la Brigada Norte de la Segunda División del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador. Hombre dotado de grandes cualidades para el mando y la organización. Muy valiosa fue su participación en el alijo y salvamento de expediciones que con personal y armas arribaron a Cuba por el litoral del este de La Habana. Terminó la contienda bélica, en 1898, con grados de general de brigada, y con posterioridad se le confirió el grado de gracia de general de división. Fue de los pocos oficiales cubanos que pudo presenciar el traspaso  de España a Estados Unidos de la soberanía de la Isla  cuando el 1 de enero de 1899, el general Jiménez Castellanos, en nombre del monarca español, resignó el mando ante el general Brooke, interventor militar norteamericano.

            Ese día, en el Salón del Trono del Palacio de los Capitanes Generales, asistieron a la ceremonia los mayores generales José Miguel Gómez y Mario García-Menocal, y también los generales Alberto Nodarse, “Mayía” Rodríguez, Francisco de Paula Valiente, Eugenio Sánchez Agramonte, José Lacret y Leyte Vidal. Entre ellos estaba Rafael de Cárdenas y eso da idea de su preeminencia.

            Ya en la República de desempeñó como segundo jefe de la Policía de La Habana y ocupó la jefatura en propiedad  al renunciarla  García-Menocal. El presidente Estrada Palma lo destituyó cuando la huelga de los tabaqueros (1902) amenazaba con convertirse en una huelga general. Más tarde se le repuso en el cargo y los últimos años de su vida –falleció en 1911-  los pasó dedicados a los asuntos de su bufete y a los negocios particulares. En 1929, la Policía Nacional erigió un monumento a su memoria en la entrada de la playa de Guanabo. El Callejero de La Habana correspondiente a 1909 ubica la residencia de Cárdenas en la Calzada de Luyanó no. 114. No puede precisar aún el autor de esta página en qué momento la familia se instaló en la casa de la barriada de Lawton que Anaís identificaba como La Generala. En 1927 dicha casa estaba deshabitada.

EL GOBERNADOR

 

Bernabé Sánchez Batista, otro de los tíos de Anaís, fue una figura prominente del Partido Conservador y ocupó el cargo de gobernador de Camagüey entre 1913 y 1917. En ese puesto lo sorprendió la rebelión de La Chambelona. Huestes liberales, capitaneadas en la provincia por Gustavo Caballero, lo hicieron prisionero en la jefatura de Policía de la localidad, donde había buscado refugio junto a otros correligionarios. Sus captores lo trasladaron luego a la finca La Matilde, y allí Caballero dispuso la liberación del Gobernador antes de que 200 soldados fieles al presidente García-Menocal y encabezados por el comandante Lezama Rodda, padre del poeta, asaltaran el lugar y pusieran en fuga a los alzados.

            Con Anaís Culmell, Bernabé tuvo siete hijos, entre ellos, Eduardo, el primo predilecto de la escritora. Bernabé, otro de sus hijos, llegó a ser senador de la República y disfrutó de tantas “botellas” (sinecuras) que despertaba la envidia de otros políticos inescrupulosos. Otro, llamado Thorwald, como el abuelo, se casó con Ernestina Sarrá, del clan farmacéutico de ese nombre.

            Faltaría hablar ahora sobre el padre de Anaís Nin, que luego de recorrer medio mundo sentó otra vez sus reales en La Habana, donde murió, y acerca de Joaquín, el hermano de la escritora y pianista como el padre,  que vivió una larga temporada  en Cuba y demostró su raro virtuosismo en los célebres conciertos que ofreció aquí en 1944. Los pasaremos por alto en este momento. De todas formas, esta no es más que una investigación que comienza y de la que seguiremos dando cuentas al lector.

 

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1 comentario

Ernesto Sánchez -

La Sra. Anais Nin Conswell de Sánchez, tenia igualmente una bella casa que era un palacete y que existe aun en dia en Varadero. Si en la Playa de Varadero. Tenia igualmente Anais una propiedad a su nombre. En 1930.
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