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Parques de La Habana

Ciro Bianchi Ross
Los parques conservan para siempre el encanto de la niñez. La primera y más remota expresión de propiedad social que pueda recordarse. El lugar que creíamos exclusivo aunque lo compartíamos con los primeros amigos. Donde nos sentimos dueños sin que nadie nos lo adjudicara y nos creímos libres pese a que todo se hacía bajo la vigilancia de los mayores. Los mismos que luego serían ideales para los encuentros de la adolescencia y a los que acudimos, ya en la adultez, a ver pasar la vida. Ir al parque, para los grandes, equivale, por lo general, a una actitud de dejadez; de matar el tiempo, de hacer nada. Y es también una acción masculina. Van al parque los hombres y en ellos permanecen hasta que sospechan que en la casa están a punto de servir la comida. O, después de esta, a esperar que llegue la media noche y la casa bote el calor del día.
Sitio de ocio bien llevado, donde se confunde el paseo con un retiro en cuya soledad se teje el oro apagado del re
... (... continúa)Anatomía de La Habana

Ciro Bianchi Ross
La Habana es la dueña del tiempo y la memoria, dice el poeta Miguel Barnet. El arquitecto norteamericano Andrés Duany asegura que la capital cubana, como ciudad, tiene en la América el potencial de Roma. Para García Lorca, La Habana era, sencillamente, “una maravilla”. De su “irreductible ambivalencia” le ve nacer su encanto a la ciudad la doctora Graziella Pogolotti. Para el historiador Eusebio Leal definir La Habana es tan difícil como definir la poesía.
La Habana, esta ciudad bulliciosa y parlera –tan bien apresada en los lienzos de René Portocarrero- marítima, abierta y desprejuiciada, que sabe, sin embargo, vivir su propia vida interior, es una ciudad con todos los estilos y ningún estilo, “un estilo sin estilo que a la larga, por proceso de simbiosis, de amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo”, como afirmara el gran novelista cubano Alejo Carpentier.
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El Malecón con que vivo

Ciro Bianchi Ross
Foto Silvia Mayra
No se concibe La Habana sin la Rampa, la escalinata universitaria, la Plaza de la Revolución ni la heladería Coppelia. Tampoco se concibe sin su Malecón, el sitio más cosmopolita de la urbe. Tanta importancia se le da, que ese nombre genérico y que es sinónimo de dique, adquiere aquí categoría de nombre propio y se escribe con letra inicial mayúscula.
Son algo más de siete kilómetros de un muro que corre de este a oeste y se extiende entre dos fortalezas coloniales: el castillo de la Punta, al comienzo del Paseo del Prado, y el castillito de La Chorrera, a la vera de la desembocadura del río Almendares. Del lado de acá, la ciudad vieja y nueva, con algunos de sus mejores hoteles, monumentos y parques; del otro lado, el mar abierto, azul, sencillo, democrático, como lo definiera nuestro gran poeta Nicolás G
... (... continúa)Lugares que ya no son

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
La pelota vasca tiene carta de naturalización en Cuba después del cese de la dominación española. Se intentó introducirla durante la dominación colonial, pero se fue aplazando el asunto y cuando por fin llegó a La Habana ya se conocía y practicaba en Brasil y la Argentina, Italia, Egipto y, por supuesto, en toda España.
El comerciante Basilio Sarrasqueta logró que el general Leonardo Wood, el interventor norteamericano, que se convertiría en un fanático de ese deporte y llegó a practicarlo todos los días, se entusiasmara y aprobara el proyecto, incluidas las apuestas que se harían en los juegos. Movió entonces Sarrasqueta sus influencias entre el alto comercio español radicado en La Habana y, con el apoyo decisivo de Manuel Otaduy, agente general de la Compa&nt
... (... continúa)La Quinta Avenida

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
¿Sabía usted que la casa del ex presidente Ramón Grau San Martín, “la choza” que se construyó en Quinta Avenida esquina a 14, dispone de 19 cuartos de baño, sin contar los de los garajes y la piscina, y que al menos su planta alta puede recorrerse completa, pasando de habitación en habitación, sin necesidad de tener que salir a ningún corredor o pasillo? ¿Qué en la casa de la condesa de Buenavista, en Quinta Avenida y Seis, que mereció en 1929-1930 el Premio del Concurso de Fachadas del Club Rotario, habitan ahora 23 familias, lo que la convierte en una casa de vecindad en una de las mejores y más codiciadas zonas residenciales de La Habana? ¿Qué la iglesia Jesús de Miramar, en Quinta Avenida y 80 es, en cuanto a área se refiere, el templo mayor de Cuba y el segundo en cuanto a capacidad para los fieles, superado solo por la Catedral de Santiago? ¿Sabía que esa importante vía se llamó en sus inicios Avenida de las América
... (... continúa)El cañonazo de las nueve

Ciro Bianchi Ross
En los años 60 yo escuchaba en mi casa el cañonazo de las nueve hasta que un buen día, sin darme cuenta, aunque seguía disparándose, dejé de oírlo a causa quizás del crecimiento de la ciudad y al incremento de los ruidos que agredían el ambiente.
Hubo una época en que uno podía seguir el ritmo de la vida y poner el reloj en hora gracias a avisos lejanos. En una fábrica cercana a donde vivía anunciaban el inicio, el receso y el cese de la jornada laboral con un largo y agudo silbato que inundaba todo el reparto, a las siete y a las once de la mañana, y a la una y a las cinco de la tarde. “Báñate, que ya sonó el pito de las cinco” o Acuéstate que hace rato que sonó el cañonazo…” eran frases familiares entonces, como familiares eran aquellos sonidos. No se necesitaba ver la hora pues el pito de las siete advertía que se imponía salir de la cama y empezar a prepararse para el colegio. Uno podía poner
... (... continúa)El Cerro

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
¿Sabe usted por qué se dice que el Cerro tiene la llave? En verdad, la tan repetida frase no está respaldada por ninguna razón. Surge de una guaracha que con ese título compuso Fernando Noa en 1949 y musicalizó Arsenio Rodríguez, “El ciego maravilloso”. Pero si se le da vueltas al asunto, la expresión puede ser cierta porque por el Cerro pasan las conductoras de los tres acueductos que han surtido de agua a La Habana a través de los siglos.
Por el Cerro daremos un paseíto este domingo. Pero antes déjeme decir que lo que es hoy una populosa barriada apenas tenía tres calles en 1863. La calzada que lleva el nombre de la localidad y las calles de Buenos Aires y Tulipán, donde se erigía la residencia el conde de Peñalver, lugar de descanso, por largas temporadas, del obisp
... (... continúa)Coppelia

Ciro Bianchi Ross
Caricatura Laz
La heladería Coppelia cumplió, el pasado 4 de junio, 42 años de construida. Lo curioso es que este establecimiento monumental, enclavado en lo que sigue siendo el corazón de La Habana moderna, no se ha inaugurado nunca de manera oficial. Un día abrió sus áreas al público y la gente entró para saborear los 26 sabores de helados que ofertaba entonces y que, con el tiempo, llegaron a ser 54. Fue en esa época el centro de encuentro y reunión por excelencia, y en buena medida lo sigue siendo. Los jóvenes de entonces, antes de ir a cualquier lugar, iban primero a Coppelia, o terminaban la noche en sus predios. A la oferta de los helados se unía la de sueros y batidos, y los precios eran escandalosamente bajos, más si comparan con la calidad del producto, sencillamente insuperable. Un helado Coppelia es un helado Coppelia, y punto.
El triunfo de la Revolución no solo propic
... (... continúa)Calles de la ciudad

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Una de las calles habaneras que más nombres ha tenido a lo largo de su historia, es la de San Juan de Dios, pese a las escasas cinco cuadras de su trazado, desde Aguiar hasta Monserrate o Avenida de Bélica.
Los primeros habaneros la llamaron Del Padre Sánchez, por un sacerdote de ese apellido, apoderado del Hospital de Paula, que allí vivía. Un poco más tarde, se le llamó Del Vigía del Morro, por su vecino Don Francisco Evia que tenía ese cargo en el castillo. Posteriormente, se le conoció
... (... continúa)Su foto al minuto

Ciro Bianchi Ross
Antes eran muchos y se les veía donde quiera que hubiera afluencia de público: la Fuente de la India, el Parque Central, la Plaza de la Fraternidad, los jardines del Capitolio… Cubanos y chinos, en una feroz competencia, controlaban el negocio. Hoy los chinos desaparecieron y solo unos pocos cubanos se concentran frente al último de los lugares mencionados. Saben que todo el que pasa por La Habana quiere ver ese edificio, el más fastuoso de la capital, con su imponente escalinata y su cúpula que se alza a 94 metros desde el nivel de la acera, y que en su estilo solo es superada por la de San Pedro, en Roma, y la de San Pablo, en Londres, con 129 y 107 metros de alto respectivamente. El sitio impone al visitante a tomarse una foto, y para eso están ellos allí, en espera de quien desee que sus máquinas misteriosas lo perpetúen.
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... (... continúa)De repente en el verano

Ciro Bianchi Ross
Con la misma facilidad con que se las puso y las usó sin que apenas las necesitara, se desembaraza el cubano de sus ropas de invierno y desde que se anuncia la inminencia de la Semana Santa está ansioso por irse a la playa. Poco importa que falte aún para el inicio de la temporada. Las noches siguen siendo frescas, pero el calor asoma su oreja peluda y él se siente de repente en el verano. No en balde es este un país que cuenta con unos 330 días de sol al año.
Para el cubano promedio, la playa es la diversión máxima, la mayor distracción, el mejor de los estímulos, el sitio ideal para ganar o perder el tiempo. El paraíso y la aventura. Un domingo en la playa, gratifica, compensa del esfuerzo de los días precedentes, aunque a la postre se termine más cansado que la víspera. Si la estancia es de una semana o más, la alegría desborda lo
... (... continúa)Zoológicos

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
El primer zoológico con que contó La Habana pasó sin pena y sin gloria.
No se piense en una instalación como las que conocemos hoy, sino en algo modesto, bien modesto, tanto que en sus comienzos se limitó a un estanque rectangular que tenía en el centro una representación en miniatura de la Isla y en el que se exhibían dos pequeños cocodrilos. La muestra, sin embargo, gustó tanto a los vecinos de la zona del Campo de Marte, en una de cuyas esquina se emplazaba, y, sobre todo, a los niños, que su creador decidió ampliarla con varios corrales para dos o tres flamencos, unas cuantas grullas y algunos patos y sendas jaulas para un venado y un mono.
El autor de la obra fue José Díaz Vidal, un modesto empleado de la Secretaría (Ministerio) de Obras Públicas al que apodaban Cheo y se ocupaba de la jardinería del referido Campo. La construyó con su propio dinero y
... (... continúa)De la mágica cubanía

Ciro Bianchi Ross
Foto Mayra
Los carnavales, las parrandas de Remedios y las charangas de Bejucal son las fiestas populares más genuinas y cubanas. Su origen se pierde en la noche de los tiempos, y todas, en su devenir, evolucionaron y se enriquecieron sin perder la esencia. En ellas el cubano se divierte y disfruta a plenitud.
Aunque los carnavales se celebran a todo lo largo y ancho del país, son los de las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba –cada uno con sus características- los más connotados. Más de espectáculo el primero, más de participación el otro, ambos festejos, con sus paseos y desfiles, las evoluciones de las comparsas, los disfraces, las máscaras y una música contagiosa, nacieron en los días de la esclavitud cuando los negros recibían, el 6 de enero de cada año, el permiso de sus amos para salir a la calle y entonar sus cantos y marcar el paso de sus bailes al son de los instrumentos que la nostalgia les hizo reconstruir en estas tierras.
Fue un cura católico, sin querer, quien dio origen a las parrandas en el viejo poblado de Remedios, en la regi&o
... (... continúa)Hitos en el tiempo

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Soy, y desconozco si la expresión es correcta, una suerte de obituario viviente, Llueva, truene o relampaguee, no dejo de detenerme ante cuanta tarja, placa, busto o monumento que encuentro a mi paso. Con algunos mantengo una complicidad especial, como con la cabeza del gran periodista cubano Manuel de la Cruz emplazada en Prado y Neptuno. Cada vez que discurro por esa esquina, le digo: “Adiós, don Manuel”, y creo que él me responde el saludo. Es un monumento poco afortunado. Una vez un vehículo salido de cauce lo hizo añicos. Lo recompusieron o restituyeron, no sé. Como el busto del autor de Cecilia Valdés, ubicado al fondo de la Iglesia del Ángel. Una tarde, en esas horas del diablo que son las que siguen al mediodía, lo bajaron de su pedestal con el ánimo de sustraerlo. Pero los vecinos, convocados a la voz de “¡Nos roban a Cirilo!”, dieron caza a los ladrones.
El gran caricaturista Juan David me dijo una vez que los monumentos servían para que la gente se olvidara de los personajes monumentados. Por suerte, el mundo no es tan dramático como lo pintan los humoristas. Un monumento no solo recuerda a determinada persona, sino q
... (... continúa)Cervezas en Santa María del Rosario

Ciro Bianchi Ross
Hacía un calor tan desesperante como el de ahora y yo tenía una sed terrible luego de haberme movido durante horas por el poblado. Tenía unas ganas locas de tomarme un par de cervezas para espantar el calor y el cansancio y alguien me sugirió que visitara El Mesón, restaurante que daba servicio en la mismísima casa solariega de los condes de Casa Bayona. Busqué el sitio recomendado, nada difícil de encontrar, pero por esas cosas que sólo ocurren en Cuba, como si la gente comiese únicamente los fines de semana, no abría ese día al público. Aun así mi deseo se haría realidad pues en el patio, con mesas acomodadas entre los árboles, estaba la cervecera, con su cerveza áspera y dura, de a seis pesos la botella chusmita y sin etiqueta, que era posible acompañar, sin embargo, con un platillo de masas de cerdo fritas, discretísimas, pero suaves y fragantes, como deben ser, y una ración generosa de plátanos tostones, elaborados como Dios manda. Pese a ser un establecimiento de barrio, la cervecera de la casa de los condes de Casa Bayona tenía clase.
No sé si por los precios que, a pesar de, no eran altos, o por la hora, el lugar estaba casi desierto. Era una maravilla estar allí, en aquel sitio casi bucólico, tranquilo, agradable y acogedor y no preciso ya si por eso o porque la atenció
... (... continúa)Calles de La Habana

Ciro Bianchi Ross
La Calzada de Monte se llama Máximo Gómez, y la de Reina lleva el nombre de Simón Bolívar. Como Finlay se rebautizó la vieja calle de Zanja, y Belascoaín se denomina Padre Varela. Pero ¿cuántos son los habaneros, viejos o jóvenes, que aluden a esas vías por su nomenclatura oficial? Pocos en verdad, aunque los documentos y las tabletas que las identifican insistan en recordarnos que Teniente Rey, Zulueta, Concha y Estrella se llaman Brasil, Agramonte, Ramón Pintó y Enrique Barnet, respectivamente.
¿Se ha puesto usted a pensar en el nombre que lleva su calle y por qué? Algunas se identifican con letras, otras con números. Esa manera tan racional de distinguir las calles comenzó a emplearse aquí a partir de 1858 cuando la estancia El Carmelo se convirtió en barrio residencial. Comprendía 105 manzanas que se ubican entre el río Almendres y la actual calle Paseo y desde la calle 21 hasta la línea de la costa.
Esos terrenos adquirieron mayor importancia un año más tarde, cuando el conde de Pozos Dulces y sus hermanas obtuvieron la autorización para parcelar su finca El Vedado y
... (... continúa)Biografía de La Rampa

Ciro Bianchi Ross
Toda ciudad –todo país- tiene su historia y su pequeña historia. Con la primera se confeccionan los anales y se conforman las efemérides; se redactan libros de texto y se llenan discursos académicos y oficiales; se incorpora al turbión colectivo y sirve de acicate y ejemplo. Con la otra, condenada al olvido, obligada a transmitirse a lo sumo de boca en boca, se escriben novelas y se enhebran páginas como esta.
¿Cuentos de los miles de transeúntes –cubanos y no- que a diario bajan y suben por La Rampa conocen los antecedentes de este pedazo de vía que es, desde hace varias décadas, el corazón de La Habana?
Es el tramo de la avenida 23 que corre desde Infanta hasta la calle L, en el Vedado. O lo que es lo mismo: los 500 metros que se extienden desde el lugar donde radica el Ministerio de Comercio Exterior hasta donde se halla el hotel Habana Libre.
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El Capitolio

Ciro Bianchi Ross
La gente del interior venía a La Habana y no quería volverse a su tierra sin visitar el Capitolio. El que podía, se fotografiaba con el Capitolio al fondo como testimonio imbatible de su estancia en la capital. Lo mismo hacían los extranjeros que visitaban la Isla. Entonces la sede del Congreso de la República estaba rodeada de hoteles de mayor o menor cuantía, pensiones y casas de huéspedes y como no existía la Terminal de Ómnibus, que se inauguró en 1952, las guaguas interprovinciales hacían en sus inmediaciones la primera y la última parada.No faltaban allí -no faltan tampoco ahora- los fotógrafos callejeros con sus cámaras antediluvianas que nadie sabe bien cómo funcionan; todo un engendro con servicios de revelado e impresión acoplados, ni las fondas de medio pelo ni los buenos restaurantes como El Palacio de Cristal, en la calle Industria, que fue en su tiempo el mejor de La Habana y que debió soportar el humillante y triste destino de quedar convertido en un taller para embalsamar animales.
Un Cristo demasiado humano

Ciro Bianchi Ross
Se cuenta que un día un forastero llegó a Matanzas – un caserío entonces de menos de 40 viviendas de arcilla y embarrado y un templo igualmente modesto- y pidió albergue a una familia. Dijo a la dueña de la casa que era carpintero y ella le comentó que podía pagar el hospedaje con una talla del Santo Cristo. Aceptó el recién llegado la propuesta y se encerró en la habitación que le destinaron. Pasaron los días y como el huésped no se dejaba ver ni se advertía en su pieza la más mínima señal de vida, la señora, con el auxilio de varios vecinos, descerrajó la puerta. El visitante se había esfumado como por arte de magia, pero dejó una imagen formidable del Dios-Hombre que, si bien carecía de peana y cruz, tenía los brazos abiertos y las manos ensangrentadas.
La mujer confesó que no había en la habitación madera alguna para tallar la hermosa imagen, que el forastero no introdujo en ella herramienta para tallarla ni se escuchó en esos días un martillazo ni un golpe de escoplo. Tampoco cabía la posibilidad de que el huésped hubiese traído la imagen de otro sitio. Su extraño aspecto y lo exótico de su vestimenta, que revelaban a las claras que no era del paí
... (... continúa)Cocteles cubanos

Ciro Bianchi Ross
¿Qué tal si hablamos hoy de los cocteles cubanos? En verdad, mejor sería decir de cocteles cubanos. Hablar sobre todos es imposible ya que nuestra coctelería es muy numerosa y variada.
Alejo Carpentier lo dijo hace ya muchos años cuando afirmó que La Habana era la ciudad del mundo que mayor variedad de bebidas podía ofrecer al paladar curioso del viajero. El autor de esta página en su peregrinar por bares y cantinas, como dice el célebre bolero que interpretaba Orlando Contreras, llegó a acopiar más de trescientas recetas de cocteles. Las había de todas partes del país: de La Habana, sobre todo, pero también de Baracoa y Viñales porque si de algo se precia y enorgullece este escribidor es de haber recorrido Cuba –y muchos de sus cayos- de punta a cabo. Pero las fórmulas son ciertamente muchas más; en la computadora del Floridita, que es uno de los bares más famosos del mundo, había hace ya algunos años más unas 450. Y no eran todas.
Claro que a un coctel lo refrenda el tiempo. Surge en cualquier bar y se impone o no en la preferencia de los bebedores. Así, hay cocteles cubanos que nadie recuerda o que aunque se re
... (... continúa)Hotel Nacional

Sencillamente clásico
Ciro Bianchi Ross
Conserva el aura de una época. Tiene tradición y sello propios. La distinción, la elegancia y el lujo se combinan con la eficacia de los servicios en una instalación que a lo largo de los años acogió a huéspedes como Winston Churchill y el rey Eduardo VIII, de Inglaterra; Ava Gardner y Marlon Brando, Graham Greene y García Márquez, Robert Redford y Steven Spilbert y muchísimos otros famosos, entre los que destacan María Félix, Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Pierre Cardin, Nat King Cole… Inaugurado en 1930, hace ahora 75 años, el Hotel Nacional de Cuba, el más majestuoso e imponente de la Isla, es, sencillamente, clásico.
Se levanta sobre un promontorio rocoso a la entrada de la barriada habanera de El Vedado, lo que lo convierte en un punto visual obligado en el paisaje urbano de la capital, y esa ubicación, en lo que fue el asiento de la batería de cañones españoles de Santa Clara, hace que desde el hotel se disfrute de una vista insuperable de la ciudad y del mar, con los que se integra pues sus jardines delanteros se proyectan hacia el ámbito citadino mientras que parecen internarse en las aguas del golfo los jardines traseros de esta edificación hermosísima que conjuga en su arqui



