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Fina: Con urgencia del alma

Fina: Con urgencia del alma

Ciro Bianchi Ross

 

Aún recuerda aquella tarde de marzo de 1942 cuando escuchó a Pablo Neruda recitar en La Habana los sonetos de amor y de muerte de Francisco de Quevedo. Fue la única vez que vio en persona al gran poeta chileno y lo evoca ahora mientras recorría la sala de un extremo a otro y decía los versos  de memoria, “sin aquella voz declamatoria que adquirió después y hemos escuchado por la televisión”. Neruda entonces, precisa, “aspiraba la última sílaba, pero mucho más débilmente que Gabriela Mistral”. Como toda su generación, Fina García Marruz se entusiasmó con 20 poemas de amor y una canción desesperada, “un clásico del romanticismo americano, que no era de escuela, sino de esencias” porque “venía del romanticismo libertario”. Y leyó con gusto otros poemarios de Neruda como Crepusculario y Tentativa del hombre infinito, pero sobre todo Residencia en la tierra, libro focal en  la poesía  del continente.

            La poetisa cubana Fina García Marruz no pudo de abstenerse de evocar al autor de Canto general  al saberse merecedora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, que le entregará en junio, en el Palacio de La Moneda,  la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet.  Renuente a las declaraciones públicas, las fotografías de prensa  y  las entrevistas, confesó, sin embargo, su sorpresa y agradecimiento, e hizo constar que recibía el galardón  con una gran humildad. “Ante un premio, una piensa siempre en tantos escritores que lo merecían, y no lo recibieron. Martí no tuvo sobre su pecho más que una medallita escolar que recibió a sus nueve años”, precisó. Fina es así. A la vera de su esposo, el poeta Cintio Vitier, y en la cercanía de dos grandes de las letras cubanas, Lezama Lima y Eliseo Diego, escribió casi toda su obra, en la que se encuentran, decía Eliseo, algunos de los poemas de más apasionada belleza que se hayan compuesto en lengua española. Pero ha sido muy parca a la hora de publicar. Por lo general suele guardar durante veinte años un poemario antes de decidirse a darlo a la imprenta. “Escriba solo por la urgencia del alma”, le aconsejó un día Gabriela Mistral, y Fina terminó comprendiendo que se comunicaba mejor con el silencio.

Dice la crítica que Fina busca en su obra la perfección conceptual y la belleza de lo verdadero. Hay en sus versos sobriedad esclarecedora, afán de comunicación y vocación para explicar lo inexplicable. La intimidad de los recuerdos, el sabor de lo cubano y los misterios católicos conforman en buena medida su obra poética. En la primera dimensión, ofrece una poesía de evocaciones entrañables, matizada a ratos de un voluntario impresionismo, donde también interviene la imaginación del sentimiento. En la segunda dimensión, persigue esa realidad que se escapa y vuelve como a ráfagas. Y en la tercera, busca la alabanza por el conocimiento de los símbolos sagrados. Tres dimensiones, dice Vitier, que se funden para dar un testimonio confesional de los movimientos desgarrados o contemplativos del alma; una poesía atenta a la plenitud expresiva que le gana hermosura interior al estilo. El jurado que le concedió el premio Pablo Neruda, que por primera vez recayó en una mujer, resaltó la espiritualidad cristiana de su poesía, abierta a las preocupaciones sociales del mundo.         

Transfiguración de Jesús en el monte (1947)  Las miradas perdidas (1951) y Visitaciones (1970) son algunos de los poemarios que dio a conocer esta mujer nacida en 1923 y que mereció, en 1990, el Premio Nacional de Literatura.  También Créditos de Charlot y La Habana del centro. De mucha cuenta son sus acercamientos a la vida y a la obra de José Martí recogidos  en la serie Temas martianos. Un libro polémico  como Hablar de la poesía (1986) la confirmó como una rigurosa y personal indagadora de poéticas y sensibilidades. Ahora, “en el tiempito que me queda” quisiera Fina dar fin a algunos estudios que tiene inconclusos. Uno sobre el colombiano José Asunción Silva y otro acerca de Gabriela Mistral, así como una prolija investigación sobre el tema de las relaciones entre religión y revolución, mientras espera otra visita de la poesía, siempre huidiza.   

             

           

           

           

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