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A Joe Louis le quitaron los pantalones en La Habana

Ciro Bianchi Ross
Caricatura Laz
Quizás sorprenda saber que en Cuba, hasta 1921, el boxeo fue un deporte prohibido. Nunca se argumentaron razones sólidas o de peso para que así fuera. Se trataba de una disposición tan simplista como aquella otra con la que se pretendió suspender el fútbol. Se decía que en los futbolistas salían al terreno en calzoncillos.
Pero que el boxeo estuviese prohibido, no quiere decir que no se practicara. Incluso, los resultados de las peleas aparecían como si nada en los periódicos. Se imponía pedir un permiso especial para organizar un encuentro boxístico, o celebrarlo de manera clandestina. Muchas peleas se llevaron a cabo en el patio y en la azotea del American Club (actual Federación de Sociedades Asturianas) en Prado y Virtudes, y en
... (... continúa)La cicatriz que mató a un hombre

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Esta es una historia cierta de cabo a rabo.
A las nueve de la noche del 13 de enero de 1907, Francisco García Rodríguez, un mocetón asturiano que atendía la bodega situada en la esquina de Indio y Rayo, en La Habana, era salvajemente atacado en su establecimiento. Su agresor, Yeyo Vasallo, con un cuchillo enorme, le propinó una herida en la mejilla y otra, espectacular, en el cuello. Cuando los médicos esperaban su muerte segura, cicatrizó la herida más grave y el sujeto pareció que se salvaría. Dos meses más tarde, sin embargo, era cadáver. La cicatriz, al obstruirle la laringe, lo había matado.
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Cuba quiso salvar a Madero (I)

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
En febrero de 1913, el embajador cubano en México, Manuel Márquez Sterling, trató en vano de salvar la vida del presidente Francisco I. Madero y de su segundo, el vicepresidente José Pino Suárez, prisioneros ambos en el Palacio Nacional. La gestión noble y humanitaria, acometida por el diplomático a título personal, contó con el respaldo del presidente José Miguel Gómez y del gobierno de la Isla, que acogería en calidad de asilados a los familiares del mártir. El entonces canciller Manuel Sanguily hizo saber a Washington de la repugnancia de Cuba ante la posibilidad de que reconociera al general Victoriano Huerta, protagonista del golpe de Estado contra Madero, y La Habana, de inmediato, sentó su estrategia: no rompería relaciones con México, pero no reconocería al nuevo gobierno ni sancionaría la usurpación de los derechos del pueblo hermano, conducta que seguirían las cancillerías de Brasil, Chile y Argentina.
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Cuba quiso salvar a Madero (II)

Ciro Bianchi Ross
Apenas quedó detenido el presidente Madero, el embajador norteamericano, que esperaba el acontecimiento desde tres días antes, reúne al cuerpo diplomático para darle cuenta en detalle del asunto. Muy mala opinión sobre su colega tiene Márquez Sterling, el embajador cubano. “Es de los que hablan lo que deben callar y callan lo que deben hablar; el hombre más indiscreto concebible”. No cabe en sí de gozo el diplomático norteamericano. “Esta es la salvación de México; habrá paz, progreso y riqueza”, asegura e informa que ha impuesto de los acontecimientos a Félix Díaz, el general sedicioso de La Ciudadela, y que lo hizo antes de que Huerta, el general golpista, se lo pidiera. Comunica además los nombres de los que figurarán como ministros en el nuevo gobierno. Ya los sabe pese a que Huerta no ha tomado aún posesión de la presidencia.
Abandona Márquez Sterling la reunión,
... (... continúa)Dile que pienso en ella

Ciro Bianchi Ross
Se dice y se repite que Pensamiento es la pieza musical que identifica a Sancti Spíritus.
Su autor, Rafael Gómez Mayea, que hizo célebre el seudónimo de Teofilito, la compuso en 1915. Se cuenta que el 15 de junio de ese año, asistía a la fiesta de Rosa María Ordaz, que ese día cumplía 16, cuando la homenajeada le reprochó amigablemente que más de una vez se hubiera negado a cantar para ella. Le dijo: “Rafael, tome usted esas frutas y piense en mí, aunque yo no pienso en usted”.
Estaban de moda entonces los juegos de prendas y castigos, en los que las muchachas llevaban nombres de flores. Alguien decidió organizarlo en aquella fiesta y Rosa María recibió di
... (... continúa)Bandidos y verdugos

Ciro Bianchi Ross
Allá por el mil ochocientos ochentitantos don Luis Prendergart y Gordon, gobernador general de la Isla de Cuba, no encontró forma mejor para acabar con el bandidismo que entonces asolaba a la colonia que la de parlamentar con los bandidos. El jefe de banda dispuesto a deponer su actitud recibía como compensación el indulto, un pasaporte para viajar al exterior y 2 000 pesos oro que se le entregaban de manera oficial, mientras que por debajo del tapete se le deslizaban otros 5 000. En ese admirable negocio se enrolaron Chamendis, Lengue Romero, Víctor Fragoso y Manuel Galano, entre otros cabecillas notorios, pero cuando Prendergart concluyó su mando, en 1883, ya todos estaban de vuelta y operaban a sus anchas. Solo uno no aceptó la capitulación. El temido Victoriano Machín se las arregló para hacerle saber al Capitán General que por menos de 50 000 no se iría a ninguna parte porque esa era la cantidad que, más o menos, le reportaban cada año sus fechorías.
En los campos de Pinar del Río y en zonas del oeste de La Habana,
... (... continúa)Mujeres

Ciro Bianchi Ross
En 1879 solo operaban en La Habana seis talleres de costura de los 60 que existían en 1875. En esa fecha, el Ayuntamiento habanero había aumentado a 35 pesos anuales la licencia que permitía operarlos y la mayor parte de las factorías cerraron sus puertas o siguieron ejerciendo sin pagar impuestos.
La información la suministra una carta que al Alcalde municipal dirigió la señora Josefina Bouillon de Castañola, vecina de la calle O’Reilly 93 y síndico del Gremio de Modistas y Corseteras, algo así como lo que hoy sería la secretaria general del sindicato. Dicha carta se dio a conocer originalmente en el número 120 de la Revista Económica, de La Habana, correspondiente a febrero de 1880, y la reprodujo el erudito Juan Pérez de la Riva en aquella serie que tituló “Historia de la gente sin historia”, que publicaba en la Revista de la Biblioteca Nacional.
Refiere la señora Bouillon de Castañola en su carta que ya en 1875 había sido citada por la Comisión de Impuestos a fin de conocer su opi
... (... continúa)Cubanos en Roma

Ciro Bianchi Ross
Debo al lector y amigo Gerardo Barrera, de Puerto Rico, la posibilidad de haber leído en estos días un libro interesantísimo: Dos años de reclusión en el Vaticano. Su autor, Miguel Figueroa Miranda, ingresó en el servicio diplomático en 1937 y, en esa misma fecha, se le destinó, como Secretario de Tercera Clase, a la Legación cubana en Roma. Dos años más tarde, ya como Secretario de Segunda, asumía la representación de Cuba ante la Santa Sede como Encargado de Negocios ad interim, y como tal se mantuvo hasta 1945. De ahí que a Miguel Figueroa le tocara vivir en Europa, junto a su esposa y sus dos pequeños hijos, nacidos en Italia, la Segunda Guerra Mundial y el periodo que le precedió. Parte de ese tiempo, y por eso el título de su libro, la pasó recluido en el Vaticano. Desde 1941, cuando Cuba declaró la guerra a Italia, hasta que ese país fue ocupado por tropas norteamericanas, Figueroa debió buscar refugio en la ciudad papal y solo pudo salir de su obligado confinamiento en muy contadas y justificadísimas ocasiones y siempre bajo la vigilancia y la custodia de la policía fascista.
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Un crimen sin nombre

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
El crimen conmovió a la opinión pública. Lo condenaron los cubanos de a pie y las llamadas clases vivas y, sin exclusión, todos los sectores políticos, desde la oposición hasta el gobierno. Figuras de tendencias tan diversas como Blas Roca, Eduardo Chibás, Ramón Vasconcelos, Carlos Saladrigas y Jorge Mañach se mostraron unánimes en su repudio y también los Veteranos de la Independencia en la voz del general Enrique Loynaz del Castillo. “Este crimen debe ser la culminación de la serie de asesinatos que no debió iniciarse nunca”, declaró el doctor Rafael Trejo, Fiscal General de la República, y el propio presidente Grau se reprochaba su tolerancia con los elementos díscolos que abusaban de ella. Hasta los integrantes de los grupos de acción, los caballeros del gatillo alegre, se ofrecieron para esclarecer el suceso. “No segamos vidas inocentes”, decía a la prensa Orlando León Lemus, El Colorado, uno de los pandilleros más celebres, mientras hombres y mujeres de todos los credos y posiciones afluían por miles a la funeraria.
El 6 de septiembre de 1946, a las nu
... (... continúa)El brillante del Capitolio

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Esta es una historia tremenda. El lunes 25 de marzo de 1946 se esfumaba misteriosamente el brillante de 25 quilates que en el Capitolio Nacional marcaba el kilómetro cero de todas las distancias de la Isla. A las siete de la mañana de ese día, tras el cambio de guardia, el vigilante Enrique Mena, de la Policía del Senado, de ronda por el Salón de los Pasos Perdidos, advirtió su falta y dio cuenta a sus superiores. La joya se consideraba uno de los tesoros mejor protegidos de la República. La habían engarzado en ágata y platino antes de introducirla en un bloque de andesita, el granito más fuerte del mundo, y este a su vez fue recubierto por otro, de concreto, al empotrarse en el piso, en el centro del Salón. Un cristal tallado, tan sólido que se estimaba irrompible, reforzaba su resguardo. Pero solo treinta minutos, al parecer, bastaron a los ladrones para sustraer el brillante, que quince meses reaparecería en el despacho oficial del presidente de la nación. ¿Quién lo robó? ¿Quién lo devolvió? No hay respuestas para esas preguntas. Como otros muchos hechos delictivos ocurridos en el periodo de los gobiernos auténticos (1944-1952) el robo del brillante del Capitolio quedó sin esclarecer.
<... (... continúa)Habladurías

Ciro Bianchi Ross
Caricatura Laz
Imaginen cómo andarían las cosas en Cuba que en 1695, el general de galeones Diego de Córdova y Laso de la Vega tuvo que desembolsar 14 000 pesos o escudos de plata y depositar una fianza de otros 16 500 para que el rey de España lo nombrase gobernador de la colonia, cargo que asumiría con el compromiso de traspasarlo al general Diego de Viana, el antiguo gobernador, tan pronto se librase este del juicio al que se le sometía y del que se suponía saldría absuelto. Los sueldos, derechos y honorarios de un gobernador colonial no superaban entonces los 5 000 escudos anuales, de manera que Diego de Córdova tendría que apretar el paso para recuperar su inversión. Y lo hizo. Mejoró las defensas de La Habana, reorganizó sus milicias y no escatimó esfuerzos para fomentar la riqueza en el territorio: bajo su mando florecieron las vegas de tabaco, se levantaron no menos de veinte ingenios azucareros y la ganadería se incrementó de manera considerable, mientras que, por la izquierda, se adineraba. Y lo hacía tan discretamente que nadie se atrevió en su momento a acusarlo de ladrón. Cesó en el cargo en 1702 sin suscitar los odios y denuestos que debían soportar sus iguales.
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Generales españoles

Ciro Bianchi Ross
Caricatura Laz
Mi amigo, y agudo lector, el doctor Ismael Pérez Gutiérrez me ha hecho llegar la versión mecanuscrita de la larga y prolija investigación que acometió sobre los generales españoles en Cuba durante la Guerra de Independencia (1895-98). Sucede que el buen doctor no es periodista, aunque sea esa una profesión que le toca muy de cerca, ni historiador y mucho menos especialista en temas militares, sino profesor de la Facultad de Medicina del Hospital 10 de Octubre, pero su especialidad no pone límites a su cultura y mucho menos a su curiosidad. Fue así que en 1998, en ocasión del centenario del fin de la guerra, comenzó a preguntarse sobre quiénes fueron los hombres que dirigieron y efectuaron en el terreno militar la defensa del poder español en Cuba y con qué fuerzas contaron realmente. Se trataba de un capítulo inédito en nuestra historiografía y también en la española. Mientras que allá no se hablaba del asunto porque nunca resulta agradable aludir a la derrota, en Cuba los episodios de Elpidio Valdés, un personaje de ficción concebido para niños, pero que caló hondo en la conciencia colectiva, simplificaban al máximo la imagen de los militares enemigos, encarnados
... (... continúa)Yo soy la Virgen de la Caridad

Ciro Bianchi Ross
Se ha dicho en reiteradas ocasiones que El Cobre, una localidad de la provincia oriental de Santiago de Cuba, es el lugar más visitado de la Isla. La aseveración puede ser cierta: allí se halla el santuario donde se venera la imagen de la virgen de la Caridad, la Patrona de Cuba. Para los católicos, como indica su nombre, es la virgen del amor, la piedad, la compasión, la gracia y la indulgencia. La Caridad es Ochún en el panteón yoruba, diosa de las aguas y la fecundidad, de la sexualidad y el oro, y también del amor, en esa religión de origen africano.Unas 500 personas acuden a diario a la basílica y los visitantes pasan de mil durante los fines de semana y las vacaciones de verano. Algunos llegan desde muy lejos. Con su visita, muchos pagan una promesa y otros la hacen inspirados en la devoción e incluso la simple curiosidad. Asistir a la misa que allí se dice es secundario para la mayor parte de ellos, pero nadie quiere irse sin ver la imagen de la virgen, con su corona y su traje bordado en oro, en cuyo pecho luce el escudo de la República. ... (... continúa)
La masacre de Orfila

Ciro Bianchi Ross
Se cumplieron sesenta años justos de la masacre de Orfila, aquel suceso que conmocionó a Cuba el lunes 15 de septiembre de 1947, cuando la residencia del comandante Antonio Morín Dopico fue asaltada por fuerzas a las órdenes del comandante Mario Salabarría. La agresión, repelida por los sitiados, se prolongó durante casi tres horas y para detenerla se impuso la intervención de tropas del Ejército, que acudieron al lugar con veinte tanques y camiones blindados. Una verdadera batalla campal en la que, entre otros, resultaron muertos, después de haberse rendido, y ya fuera de la casa, el comandante Emilio Tro y la señora Aurora Soler de Morín, en estado de gestación. “Siempre creí que la expresión ‘cortina de fuego’ no era más que una frase literaria; ahora sé que es una terrible realidad”, declaró a la prensa un testigo presencial del suceso.
Como otros tantos, Tro y Salabarría emergieron a la luz pública después del ascenso al poder, en 1944, de Ramón Grau San Martín, cuando muchos luchadores antimachadistas pasaron factura al Autenticismo en demanda de compensaciones o le reclamaron el cumplimiento de los postulados políticos por los que lidiaron. Pronto se multiplicaron los llamados “grupos de acción” que dirimían sus diferencias a tiro limpi
... (... continúa)¿Dónde cayó el Cuatro Vientos?

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
No pensaba que dedicaría la página de hoy a los pilotos Mariano Barberán y Joaquín Collar, desaparecidos en su vuelo La Habana-Ciudad de México, en 1933, sobre los que hablé la semana anterior, pero las numerosas opiniones recibidas me obligan a volver sobre el tema. Como se recordará, ellos fueron, en junio de ese año, los protagonistas del histórico vuelo Sevilla-Camagüey, hasta entonces la distancia más larga cubierta sin escala por una aeronave. A bordo del Cuatro Vientos, un avión de hélice de madera, Barberán y Collar demoraron 39 horas y 55 minutos en reducir la distancia que media entre una ciudad y la otra.
El lector Manuel Rodríguez me reprocha amigablemente que aludiera al monumento que a los valerosos pilotos existe en Camagüey y no mencionara el que se erigía en el hospital Diez de Octubre (antigua Quinta de Dependientes) para perpetuar su hazaña y que se demolió en los años 60 para levantar en su lugar otro en homenaje a la gesta del cosmonauta Yuri Gagarin. Yo recordaba perfectamente ese monumento y sobre él hablé en esta misma página, el 17 de marzo del 2002. De todas formas,
... (... continúa)Propietarios (I)

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Llovía a cántaros desde la noche anterior y muchos pensaron que el estado del tiempo restaría brillo y público a la presentación de Los propietarios de Cuba; 1958, de Guillermo Jiménez. En definitiva, no se trataba de una novela de Daniel Chavarría ni de Leonardo Padura, nuestros escritores con más éxito de venta, y el hecho de que la lluvia obligara a trasladar el espacio del “Sábado del Libro” desde el portal, su escenario habitual, al salón de la planta alta del Palacio del Segundo Cabo, no causaba mayor preocupación en los funcionarios del Instituto Cubano del Libro, que pensaron que con veinte sillas habría más que suficiente para acomodar a los osados que en aquella mañana se atrevieran a desafiar el agua. Una hora después, y a punto ya de comenzar el acto, Iroel Sánchez, presidente del ICL, recordaba a la concurrencia que se hallaba en un edificio con más de tres siglos de antigüedad y pedía que se evitaran los movimientos innecesarios ante el riesgo de desplome. El reclamo cayó en el vacío y, más que calmar los ánimos, solo consiguió exacerbarlos porque antes de que Sánchez lo confirmara aquellas seiscientas personas que
... (... continúa)Propietarios (II)

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Massaguer
De manera individual, Julio Lobo Olavarría era, dice Guillermo Jiménez, el más rico entre los propietarios de Cuba en 1958. Su fortuna se calculaba entre 85 y 100 millones de dólares. Era dueño de 16 centrales, una corredora azucarera y 22 almacenes de azúcar. Poseía además un banco, una naviera, una aerolínea, una agencia de seguros y otra de radiocomunicaciones, una petrolera… Era la personalidad más destacada de la burguesía cubana, el principal empresario y el más grande corredor de azúcar del mundo.
Entre los grupos familiares, destaca Jiménez en su libro Los propietarios de Cuba; 1958, cuya segunda edición se anuncia para comienzos del próximo mes de julio, a la Sucesión Falla Gutiérrez, que con un capital de entre 65 y 75 millones e inversiones por más de 40 millones en el exterior, era el más poderoso clan financiero-azucarero del país. Al fallecer, en 1929, Laureano Falla Gutiérrez, fundador de la dinastía, su herederos decidieron no dividir el legado, valuado en unos 35 millones, y sus yernos Agust&
... (... continúa)Árabes en Cuba

Ciro Bianchi Ross
Si los moriscos españoles dejaron una huella singular en la arquitectura colonial cubana -patio central, arcadas, techos de alfarje, lucetas, mosaicos y azulejos- la cultura árabe durante la República se asimila a la cubana y no deja una huella visible. Se calcula que hoy en la Isla la colonia árabe la conforman, entre originarios y descendientes, unas 50 mil personas. Hay en La Habana una Casa de los Árabes, que atrapa el trazo de esa cultura y algunos restaurantes que se afanan por recrear la atmósfera de Las mil y una noches.Fue Antón Farah el primer árabe que llegó a Cuba con el propósito de asentarse en estas tierras. Lo hizo en 1879 y abrió un camino que hasta 1936 siguieron unas 40 mil personas, hombres fundamentalmente que, en lo esencial, se dedicarían al comercio, con preferencia al de los tejidos y las sedas que importaban de sus regiones de origen. Algunos, muy pocos, consiguieron establecer almacenes y casas importadoras; los más, se las pasaron de vendedores ambulantes y ponían una nota pintoresca en las principales ciudades cubanas. Otros se dedicaron a la joyería. El libanés Isaac Estéfano, vendió al Estado cubano, en los años 20, el b
... (... continúa)El déspota en fuga

Ciro Bianchi Ross
Sin ley, autoridad ni orden La Habana ardía el 12 de agosto de 1933 mientras que el dictador Gerardo Machado, que había renunciado a la Presidencia de la República el día antes, aguardaba, en su finca Nenita, la hora de la fuga, y su sustituto, el general Alberto Herrera, antes de esconderse en el Hotel Nacional, designaba secretario de Estado a Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria, a fin de allanarle el camino hacia la Presidencia. La multitud arrasaba las viviendas de los machadistas y ajusticiaba o ponía presos a los que encontraba a su paso. Había gritos de muerte, incendios, disparos… En medio de ese aquelarre, Céspedes, el hombre de la embajada norteamericana, la rueda de repuesto del carro de la injerencia, que había sido ministro y embajador de Machado, se empeñaba en que el Congreso lo proclamara Presidente. Pero ¿a qué congresistas convocar a esa hora en la que ellos también se escondían como ratas? Al fin, cuatro senadores y siete representantes a la Cámara lograron darse cita en el Hotel Nacional y asumiéndose con la mayoría suficiente reformaron a la carrera la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y proclamaron a Céspedes antes de volver a sus escondites respectivos. A las 12 horas, veintiuna salvas de artillería saludaban, desde la fortaleza de la Cabaña, al nuevo mandatario que juraría su cargo, sin embargo, al día siguiente en un Palacio Presidencial que no ocultaba los estragos que ocasionó en su interior la “visita” que el pueblo le hab&iacut
... (... continúa)Tragedia en La Suiza
Ciro Bianchi Ross Las versiones acerca del suceso difieren en su esencia. Unos dicen que Enrique Villuendas accedió a que registraran su habitación, y otros, que se negó porque su condición de parlamentario hacía inviolables su persona y su domicilio. Algunos aseveran que la Policía buscaba pretextos para sorprenderlo in fraganti y detenerlo, y otros son de la opinión que las autoridades aprovecharían el registro para inculparlo por tenencia de explosivos, que “sembrarían” convenientemente en el lugar. Para unos, fue un incidente casual. Para otros, un hecho premeditado. A Enrique Villuendas, joven Representante a la Cámara de filiación liberal, le cazaron la pelea en la ciudad de Cienfuegos y se lo llevaron en la golilla.
Corría el año 1905 y el presidente Tomás Estrada Palma, instigado por el ejecutivo del Partido Moderado, decidió ir a la reelección. Para garantizarle el triunfo su Gabinete de Combate pareció no deparar en obstáculos: perseguía sin tregua a los liberales y encarcelaba a figuras prominentes de ese partido, ocupaba ayuntamientos y deponía a alcaldes y concejales y cesanteaba a funcionarios públicos que no fuesen afines al gobierno, mientras que la prensa, según su tendencia liberal o
... (... continúa)Judíos

Ciro Bianchi Ross
El escritor Jaime Sarusky recuerda aún aquel día de 1970 cuando, en busca de tema para un buen reportaje, un cambio de tren lo llevó a conocer Omaja, asiento de una colonia norteamericana en la zona oriental de Cuba. El asombro inicial de que allí el nombre de una ciudad del estado de Nebraska y de una nación de bravos indios pieles rojas se cubanizara con la “j”, pronto quedó atrás cuando el visitante recorrió la pequeña villa y vio sus casas y bungaloes destartalados por el paso del tiempo, así como los restos del hotel y la iglesia metodista y le pareció que por algunas de las puertas con batientes de la bodega, que bien pudo haber sido la taberna, podría emerger en cualquier momento la figura tranquila y legendaria de Billy the Kid dispuesto a enfrentarse solo con una banda de adversarios.
Aquel descubrimiento marcó un interés todavía vivo en Sarusky (Premio Nacional de Literatura, 2004) por otros asentamientos de extranjeros. Siguieron sus investigaciones en torno a suecos, japoneses, hindúes y yucatecos en la Isla, que recogió en su libro Los fantasmas de Omaja (1986) mientras que en otro título de 1999 narró las peripeci
... (... continúa)Muerte de Vinent

Ciro Bianchi Ross
El 17 de octubre de 1947 la opinión pública era sacudida por un escándalo mayúsculo –uno más en aquella administración escandalosa que fue la de Ramón Grau San Martín- cuando el senador Luis Caíñas Milanés fulminó de un balazo al representante a la Cámara Arturo Vinent Juliá en sus oficinas de la calle Hartman esquina a Aguilera, en Santiago de Cuba.
Militaban ambos en el Partido Auténtico y mediante un pacto, que involucró a otras figuras del autenticismo en Oriente, se habían comprometido a otorgar todos los votos orientales de la asamblea nacional de esa organización al doctor Carlos Prío Socarrás a fin de apoyarlo en su aspiración presidencial. Pero bien pronto Vinent, que ejercía la jefatura del partido en la antigua provincia, se percató de que Caíñas desconocía su autoridad y maniobraba para perforar sus huestes, en lo que era alentado desde La Habana por José Manuel Alemán, ministro de Educación y favorito de Palacio, que lo había “calzado”, a espaldas de Vinent, con 154 puestos de esa dependencia para que los distribuyera a su antojo. Vinent entonces anunció su determinación de abandonar la política y retirarse a la vida privada, y su amenaza preocupó tanto a Grau como a Prío pues su salida del p
... (... continúa)Resurrección de Caíñas

Ciro Bianchi Ross
Llevar a juicio a un parlamentario, así fuera por una infracción de tránsito, era fruto de un proceso que comenzaba cuando un tribunal suplicaba al cuerpo colegislador al que pertenecía el presunto culpable que le retirara la inmunidad a fin de que pudiese ser juzgado; suplicatorio que debía ser aceptado o rechazado en el plazo de los 40 días siguientes de haberse librado. No habían transcurrido todavía diez días de la muerte del representante Arturo Vinent Juliá cuando el Senado se reunía para considerar el pedido que en ese sentido hacía el Tribunal Supremo en contra del senador Luis Caíñas Milanés, acusado del asesinato.
No era un procedimiento inédito en el parlamento cubano. En los comienzos de la República, la Cámara de Representantes le retiró la inmunidad al general Silverio Sánchez Figueras por la muerte, en un duelo irregular, del también legislador Severo Moleón (Ver JR, 25-1-04) y en 1913 el senador Vidal Morales y el representante Arias se vieron privados de las suyas por su implicación en el tiroteo donde perdió la vida el jefe de la Policía habanera (JR, 4-4-04). Luego, en
... (... continúa)Desaparecido

Ciro Bianchi Ross
Con un pretexto banal los que lo procuraron lo hicieron salir a la calle oscura y desierta, mojada por la lluvia fina y pertinaz, y tras una breve plática se le vio abordar el automóvil que esperaba con el motor encendido. Antes, con un gesto, se despidió de los que seguían la escena desde el portal de la casa marcada con el número 8 de la calle Cervantes, en el reparto Sevillano. Era el 10 de diciembre de 1950 y Mauricio Báez, exiliado dominicano radicado en La Habana, había caído en la trampa. El destacado líder obrero y luchador contra la satrapía de Rafael Leónidas Trujillo desaparecía para siempre, sin dejar rastro. Nunca más volvería a saberse de él.
CAYO CONFITES
Había saltado definitivamente a los primeros planos de la actualidad dominicana cuando en 1942 organizó y condujo la huelga que paralizó al mayor central azucarero de su país. Aunque Trujillo movilizó entonces todas sus fuerzas para reprimirlo, no pudo sofocar el paro y la compañía propietaria tuvo que acceder a las demandas sindicales referidas al cumplimiento de la jornada laboral de ocho horas &md
... (... continúa)Pipi Hernández

Ciro Bianchi Ross
Las primeras informaciones atribuyeron el crimen a móviles personales: enemistades, problemas laborales, deudas, faldas... Pero la verdad era bien distinta y no tardó en abrirse paso: aquel hombre que llegaba cadáver a la casa de socorros del Vedado, fulminado por seis cuchilladas —tres debajo de cada axila— propinadas por una mano experta y que le cruzaron literalmente el cuerpo, había sido víctima de un motivo político. Corría el mes de agosto de 1955 y, en una violación monstruosa de la soberanía nacional, las garras del chacal dominicano Rafael Leonidas Trujillo se hacían sentir nuevamente en La Habana. Cinco años antes había sido secuestrado aquí el dirigente obrero Mauricio Báez. Ahora tocaba el turno a Manuel de Jesús Hernández.Sus amigos le llamaban Pipi y sufría sobre sus espaldas un exilio que duraba ya 24 años. Junto con su familia fue pionero de la oposición a Trujillo. Se le opuso en cuanto, exaltado por el ejército de ocupación norteamericano, el otrora cuatrero y estafador logró hacerse del control del país. Su padre padeció cárcel y torturas, al igual que dos de sus hermanos, en tanto que otros dos se veían obligados también a vivir fuera de su tierra.
Papeletas

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Adan
En la Cuba del siglo XIX se hacía imprescindible obtener una licencia, y portarla en un lugar visible, para poder ejercer, vamos a llamarle así, el oficio de mendigo. Así lo cuenta nuestra vieja conocida – hemos hablado de ella aquí varias veces- Eliza Mc Hatton-Ripley. Una norteamericana que vivió en la Isla entre 1865 y 1875 y recogió sus memorias en From flag to flag (De bandera a bandera) libro que dio a conocer en Nueva York, en 1890.
Apunta Eliza que los sábados las calles de la capital se llenaban de pordioseros. Muchos de ellos sucios, enfermos, deformes y repulsivos, pero que los había también de apariencia saludable y pulcramente vestidos que se hacían seguir por sirvientes que llevaban las bolsas para las limosnas.
“Un mendicante […] pasaba con frecuencia por nuestra casa haciendo sonar una campanilla. De las diversas casas salían sirvientes que, con darle alguna moneda, adquirían el privilegio de be
... (... continúa)Los Rough Riders

Ciro Bianchi Ross
En uno de los “muñequitos” que pasa ahora la TV nacional y que ilustra lo que significaría para Cuba el llamado proceso de transición diseñado por Washington, se ve a una maestra que pretende explicar a sus alumnos el papel y las hazañas de los Rough Riders en la independencia cubana. Al final no puede cumplir su cometido porque el inevitable Pepito, que esta vez no es más que otro Elpidio Valdés, empuña la corneta mambisa para llamar a sus compañeritos al combate y la maestra y los que la prohíjan huyen despavoridos.
El término Rough Riders ha llamado la atención de muchos telespectadores que desconocen su significado. Literalmente quiere decir “jinetes duros”. Desde el punto de vista histórico esos jinetes duros no eran otra cosa que soldados de fortuna que se sumaron al ejército norteamericano que en 1898 intervino en la guerra de Cuba contra España.
Los mandaba el coronel Leonardo Wood, un médico que andando el tiempo sería el gobernador militar de la Isla y uno de los más fuertes defensores de la anexión de Cuba a Estados Unidos, y tenían como segundo jefe
... (... continúa)La fuga espectacular de Evangelina Cossío

Ciro Bianchi Ross
Fue, mírese como se mire, una acción audaz, si bien no puede deslindarse de la implacable campaña orquestada por cierta prensa norteamericana para apurar la intervención militar de Estados Unidos en la guerra que Cuba libraba contra España.En la noche del 7 de octubre de 1897, un periodista del New York Journal, una de las tantas publicaciones del magnate William Randolph Hearst, propició la fuga de Evangelina Cossío Cisneros de la Casa de Recogidas de La Habana. Allí aguardaba su traslado a Ceuta, en África, donde debía cumplir una condena de veinte años de cárcel. Eran los tiempos del sanguinario gobernador Valeriano Weyler, y la muchacha, de belleza extraordinaria, fue conocida en el mundo como la Juana de Arco de América.
EL COMPLOT PINERO
Un tiempo antes ella se había involucrado en un complot que se proponía la captura del jefe militar de la Isla de Pinos y la proclamación de la independencia de ese territorio. Acto seguido se atacaría el cuartel de caballería de Nueva Gerona, la cuidad capital de esa isla, y, con las armas ocupadas en la instalación, una parte de los amotinados abordaría
... (... continúa)El último embajador

Ciro Bianchi Ross
Cuando se rompieron las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, ya Philip Wilson Bonsal, el último de los embajadores norteamericanos acreditados en La Habana, había vuelto a Washington, luego de poner la representación diplomática en manos de un encargado de negocios. Cuando se produjo la ruptura, las relaciones entre los dos países, de hecho, estaban rotas. Lo que se rompió formalmente el 3 de enero de 1961 fue una ficción, un fantasma, algo que no existía a consecuencia de la política de hostigamiento y agresión que la administración del presidente Eisenhower implementó contra Cuba desde el mismo momento del triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, y que llega hasta hoy.
Sus dos antecesores inmediatos, Arthur Gardner y Earl E. T. Smith, fueron desastrosos. Más que como el embajador norteamericano en Cuba, el primero se proyectó como el representante de la ITT en La Habana a fin de lograr del gobierno la autorización para el incremento de las tarifas telefónicas y fue capaz de brindar por el dictador Fulgencio Batista en un banquete que tuvo lugar al día siguiente de los sucesos tristemente célebres de
... (... continúa)

