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Cara a Cara con Pedro Trigo

Cara a Cara con Pedro Trigo

Ciro Bianchi Ross

 

Pedro Trigo López es uno de los treintitantos moncadistas que todavía viven. Él y su hermano Julio formaron parte del grupo que el 26 de julio de 1953, bajo las órdenes del entonces joven abogado Fidel Castro, asaltó el cuartel Moncada en Santiago de Cuba a fin de dar  inicio a  la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista. Julio fue detenido tras el combate y, al igual que muchos de sus compañeros, asesinado luego  sufrir horribles torturas. Pedro salió con vida y logró escapar milagrosamente de la ciudad. Hoy, a los 77 años de edad y más de medio siglo después de aquella gesta, rememora su colaboración con Fidel antes y después del Moncada y precisa el momento en que por primera vez escuchó al jefe de la Revolución abordar en público el tema de la reforma agraria.

YO SOY FIDEL CASTRO

-¿Cuándo conoció a Fidel?

-En la localidad habanera de Santiago de las Vegas, antes del golpe de Estado batistiano de 1952. Allí, en una asamblea del Partido Ortodoxo Fidel me escuchó referir que en nuestro propio municipio el presidente Prío había adquirido cinco fincas, de las que expulsó  a los arrendatarios que las trabajaban y en las que tenía como jornaleros a miembros de las Fuerzas Armadas. Me abordó cuando bajé de la tribuna. Me dijo: Yo soy Fidel Castro. Y preguntó: ¿Todo eso es verdad? Ante mi respuesta afirmativa, comentó que le había dado una gran idea. ¿Qué te parece si nos damos a buscar todos los datos, entrevistamos a esos campesinos desalojados y denunciamos el caso?  Prío había adquirido las fincas Lage, Gordillo, Pancho Simón, Potrerillo de Menocal y Paso Seco, 54 caballerías en total,  y las unificó bajo el nombre de El Rocío. En 48 caballerías de aquellas 54 están hoy el Parque Lenin, la escuela vocacional del mismo nombre y el Jardín Botánico Nacional. Fidel precisó que me buscaría al día siguiente en mi casa, a las ocho de la noche, para ponernos de acuerdo sobre la forma en que acometeríamos la investigación. Pero a las ocho de la mañana ya estaba conmigo. Llegó acompañado de Juan Martínez Tinguao,  valioso compañero, y después se sumaron al grupo José Luis Tassende y Gildo Fleitas, muertos más tarde en el Moncada. Como primera tarea debíamos fotografiar a los más de cien  campesinos desalojados, algunos de los cuales llevaron hasta  18 años trabajando aquellas tierras.

Recuerda Trigo que Fidel, luego de probar que aquellas fincas eran propiedad de Prío, denunció el hecho desde las páginas del periódico Alerta, y que antes, en una reunión que sostuvo con los campesinos expulsados, les habló sobre la necesidad de impulsar en el país una ley de reforma agraria que  acabara con el latifundio y diese la propiedad  la tierra al que la trabajaba. A partir de ahí no pierde contacto con Fidel y precisa que pocos días después del golpe de Estado con el que Batista derrocó a Prío, Fidel le habló de lo imperioso que resultaba crear un movimiento verdaderamente revolucionario que se opusiese a la naciente dictadura. Fue entonces que le orientó que organizara en el pueblo de Calabazar, donde vivía, una célula insurreccional que conformarían obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales honestos que estuvieran dispuestos a empuñar las armas para llevar la Revolución al poder. Pedro, al igual que su hermano Julio, eran en esos momentos obreros textiles. Yo no me atrevería a afirmar que aquella fue la primera célula de lo que sería el Movimiento 26 de Julio, pero sí que estuvo entre las tres primeras, dice Trigo.

            -Y ahí empezamos a conspirar.  Abel Santamaría, a quien  conocí por aquel entonces, me pidió un día que citara a los hombres de mi grupo para  reunirse con ellos. Se interesó por nuestro nivel de escolaridad y preguntó enseguida cuántos leíamos a Martí. Algunos lo hacían; otros, no. Y dijo Abel que todos debíamos leerlo porque él sería el guía de la acción que llevaríamos adelante y porque era extraordinaria la vigencia de su pensamiento, no solo  para aquellos momentos, sino para el futuro.

            Fue a través de Pedro Trigo que se allegó  la mayor parte de los uniformes militares que se utilizaron en el asalto al cuartel Moncada. Un pariente suyo, Florentino Martínez, enfermero del Ejército y que terminaría por ser uno de los moncadistas,  los consiguió para el Movimiento, en tanto que en la casa de Melba Hernández, una de las mujeres incorporadas a la acción, -la otra fue Haydée Santamaría- se confeccionaron los de aquellos combatientes que como Fidel, requerían de tallas no disponibles en el lote adquirido.

EN SANTIAGO

-Se nos dio la orden de trasladarnos a Santiago de Cuba y ya allí nos agrupamos en la granjita Siboney, en las afueras de la ciudad. Se hablaba de la acción a la que nos abocábamos y se decía que sería a la hora cero, pero salvo Fidel y Abel, creo que ninguno de  nosotros sabíamos de que acción se trataba ni cuándo sería. Yo me enteré que atacaríamos el Moncada pasada ya la una de la mañana del propio 26 de julio cuando Fidel me lo hizo saber en la plaza de Marte mientras esperábamos  la llegada del doctor Mario Muñoz, otro de los combatientes. Mandó Fidel a Abel a encontrarse con Muñoz en El Esperón y nosotros hicimos un recorrido por Santiago, pasamos por el cuartel  y fuimos a la casa del periodista Luis Conte Agüero, la llamada “Voz más alta de Oriente”. Fue allí donde me enteré que, ya con el Moncada en nuestro poder, yo debía tomar la Cadena Oriental de Radio para que Conte arengara al pueblo. Conte no se encontraba: había salido para La Habana dos días antes, y Fidel me dijo que no me preocupara porque él, que presentía que Conte era un cobarde, había instruido a otro de los combatientes, el poeta Raúl Gómez García, para que llamara a los santiagueros a la lucha. Cuando nos encontramos con el doctor Muñoz, preguntó a Fidel: ¿Hoy es la hora cero? Sí, doctor, hoy es la hora cero. Oye, qué día escogiste, ripostó Muñoz, hoy cumplo 42 años. De vuelta a la granjita, pregunté a Abel Santamaría si todo estaba debidamente sincronizado. Sí, Pedrito, todo está sincronizado, ¿tienes alguna duda? Respondí que no la tenía, y Abel añadió: Mira, piensa lo peor, que nos maten a todos. Si es así, de todas maneras triunfamos porque salvamos la vigencia de Martí en el centenario de su natalicio. Quién iba a pensar que horas después Abel estaría muerto.

            Pero Pedro Trigo no llegó a combatir en el Moncada. Su hermano Julio, en cambio, que ya en Santiago recibió de Abel la orden de regresar a La Habana a causa de la hemotisis que se le presentó a consecuencia de la severa enfermedad pulmonar que padecía, no obedeció y combatió junto a Abel en el Hospital Civil, desde donde el grupo del que formaban parte  Melba y Haydée  apoyó la acción principal. Estuvo disparando mientras le quedaron balas para hacerlo.

            -Hubo gente que se negó a participar en la acción cuando se enteró de que el objetivo sería el Moncada. Fidel solo les pidió que abandonaran la granjita Siboney una vez que todos los combatientes hubieran salido. No le hicieron caso, lo hicieron al mismo tiempo que nosotros y ocasionaron que tres de nuestros automóviles, siguiéndolos sin saber que  volvían a La Habana, se desviaran de su ruta. Ese fue mi caso. Iba ya por  los Elevados de Quintero cuando escuché los disparos e intenté reorientarme. ¿Dónde queda el Moncada?, pregunté a un santiaguero corpulento que, calzado con chancletas de palo, venía bailando pues Santiago celebraba en esos días sus fiestas de carnaval. Vea, me dijo el hombre, coja por ahí y siga los tiros. Cuando llegué a la posta tres del cuartel ya Fidel había dado la orden de retirada.

            Fueron momentos angustiosos. Iban ocho combatientes a bordo del vehículo y Trigo comprendió que así no llegarían  a ninguna parte. Algunos tendrían que seguir a pie, buscar otra vía de escape, pero nadie quería abandonar el automóvil hasta que él y dos compañeros lo hicieron. Trigo deambuló por Santiago, sin conocer la ciudad, y se quitó el uniforme militar que llevaba puesto, al igual que casi todos los combatientes, encima de la ropa de civil. Para su suerte vio venir un ómnibus. Lo hizo detener y preguntó a dónde se dirigía. La Habana era su destino. Ya en su asiento, el conductor le facilitó un peine. Péinese y arréglese la guayabera, le dijo, que ya veremos cómo salimos de esta. A la altura de El Cobre otro moncadista abordó el vehículo. Vestía de pantalón militar y la camisa que le había facilitado un campesino. La camisa más chillona que he visto en mi vida, recuerda Trigo.

            -En Calabazar me esperaban agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) con orden de detenerme. Me llevaron a la sede de ese cuerpo represivo y me encerraron en un calabozo. Allí, acobardado,  estaba Juan Bosch, el futuro presidente de la República Dominicana. Bosch había sido asesor del Prío y le escribía sus discursos y la dictadura quería vincular al ex presidente con el asalto al Moncada. Pidió Bosch que le trajeran una aspirina y una gaseosa y cuando  se las llevaron en una bandejita, le rogué que me dejara dos dedos del refresco. Hacía tres días que no ingería líquido y tenía la boca y la garganta totalmente secas. Me lo negó mientras que,  aún más amedrentado, me gritaba: No me hable, no me comprometa, no se me acerque. Poco después lo liberaron. Ni él ni Prío tenían nada que ver con Fidel ni con  lo del Moncada.

            Por esas cosas que pasan, a Trigo no se le pudo probar su participación en los hechos. Es más un taxista  batistiano de su localidad, confundido, aseguró haberlo tenido como pasajero aquel domingo 26 de julio. Por tanto, si estaba en Calabazar, no podía haber estado en Santiago.   Lo dejaron en libertad con la advertencia de que no saliera de Calabazar y que en la localidad no hiciera más movimientos que los de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Pero cuando Melba y Haydée quedaron libres, luego de cumplir su condena, se puso a disposición de esas valerosas mujeres, y lo mismo haría con Fidel tras  la amnistía de 1955.  Luego de la partida de Fidel hacía México siguió dentro del Movimiento Revolucionario 26 de Julio hasta que tuvo que salir al exilio.

           

           

                         

 
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7 comentarios

Andres Amenedo -

En julio de 1994 conoci personalmente a Pedro Trigo en Madrid España. Y una noche con unos compañeros castellanistas, le prepare una cena nicaragüense a base de nacatamales y gallopinto. Desde aqui le mando un fuerte abrazo, y mis mayores deseos de volver a verlo. Andres Amenedo desde España.

Sandra Alfonso -

todo muy valeroso lo de atacar un cuartel en noche de carnaval donde estaban durmiendo pacificamente un ejercito contitucional y atacar a un hospital militar masacrando a los que alli convalecian.
terroristas fueron y terroristas aun son fidel castrao y sus secuases .
y que tienen a decir de los miles de muertos producto de el castrofacismo ,de una patria dividida por un criminal cuyo idolo fue hitler como demuestra su "historia me absolvera "

Denis -

Hola, soy de Republica Checa y Deseo a Fidel todo lo bueno y que recupere rapido, vivi en cuba cuatro anos frequente la basica en ¨La Habana,y quiero volver,porque en Cuba son las personas muy buenas y no piensan solo en dinero como aqui en europa.
Son generosos conparten,ayudan sin pensar en su provecho.
Los exelentes medicos cubanos salvaron la vida de mi madre,se la salvaran a Usted tambien.
Mucha salud y mucha vida, le deseamos:)

Francisco de Alencar -

"Pedro Trigo López es uno de los treintitantos moncadistas que todavía viven. Él y su hermano Julio formaron parte del grupo que el 26 de julio de 1953, bajo las órdenes del entonces joven abogado Fidel Castro, asaltó el cuartel Moncada en Santiago de Cuba a fin de dar inicio a la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista. Julio fue detenido tras el combate y, al igual que muchos de sus compañeros, asesinado luego sufrir horribles torturas. Pedro salió con vida y logró escapar milagrosamente de la ciudad. Hoy, a los 77 años de edad y más de medio siglo después de aquella gesta, rememora su colaboración con Fidel antes y después del Moncada y precisa el momento en que por primera vez escuchó al jefe de la Revolución abordar en público el tema de la reforma agraria"
Estimado Ciro:
Me gustaría conocer mejor acerca de "los treintitantos
moncadistas que todavía viven"
Fraternalmente,
Francisco de Alencar (78)

frank delgado -

Ciro, es muy interesante y bueno el trabajo que hace.
Felicidades y que viva la revolucioooon

Anónimo -

Soy fiel admiradora de Fidel Castro y La Revolucion Cubana, soy de Honduras, pero que viva La R.C. y todos sus Heroes.

nestor varela garcia -

nestor varela
presidente de la asociacion galego cubana julio trigo de viveiro lugo galicia
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