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Hotel Nacional

Hotel Nacional

Sencillamente clásico
Ciro Bianchi Ross

Conserva el aura de una época. Tiene tradición y sello propios. La distinción, la elegancia y el  lujo se combinan con la eficacia de los servicios en una instalación que a lo largo de los años acogió a huéspedes como Winston Churchill y el rey Eduardo VIII, de Inglaterra; Ava Gardner y  Marlon Brando,  Graham Greene y  García Márquez,  Robert Redford y  Steven Spilbert y  muchísimos otros famosos, entre los que destacan María Félix, Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Pierre Cardin,  Nat King Cole… Inaugurado en 1930, hace ahora 75 años, el Hotel Nacional de Cuba, el más majestuoso e imponente de la Isla, es, sencillamente, clásico.
            Se levanta sobre un promontorio rocoso a la entrada de la barriada habanera de El Vedado, lo que lo convierte en un punto visual obligado en el paisaje urbano de la capital, y esa ubicación, en lo que fue el asiento de la batería de cañones españoles de Santa Clara, hace que desde el hotel se disfrute de una vista insuperable de la ciudad y del mar,  con los que se integra pues sus jardines delanteros se proyectan hacia el ámbito citadino mientras que parecen internarse en las aguas del golfo los jardines traseros de esta edificación hermosísima que conjuga en su arquitectura lo ecléctico y lo moderno, con presencia del art deco y el llamado estilo colonial cubano.
            Una antigua leyenda  se asocia con el lugar donde se alza el Hotel Nacional de Cuba. Debajo del peñón donde hunde sus cimientos hubo varias cavernas, entre ellas la  muy célebre cueva de Taganana, llamada así porque, se dice, sirvió en el siglo XVI de refugio a un indio de igual nombre, lo que inspiró una narración de Cirilo Villaverde, el más importante novelista de la Cuba colonial. No existe ya esa gruta, pero sí, bajo los jardines, los túneles que para la defensa de La Habana  se trazaron en los días de la Crisis de los Cohetes de octubre de 1962 y que son hoy otro de los atractivos del Hotel.
PARA PASARLA EN GRANDE
Porque esta instalación brinda a sus huéspedes y visitantes todo un repertorio de sitios donde pasarla bien y en grande.
            Si de restauración se trata, de gran lujo es  el Comedor de Aguiar, con su extensa carta de vinos y su manera única de preparar las carnes rojas y los mariscos; un restaurante de alta cocina internacional y cubana, y no pocas sorpresas depara El Barracón, en los jardines del Hotel, especializado en comida criolla.
            El Piso Ejecutivo, en la sexta planta, es ideal para hombres de negocios que desean instalarse con  la comodidad y la representatividad que requieren, así como para la organización y buena marcha de sus quehaceres profesionales, en tanto que las salas Vedado y Taganana y los cuatro salones del Apartamento de la República garantizan  las facilidades necesarias  para eventos y convenciones. La Conserjería y el Servicio de Habitaciones funcionan las 24 horas. Los bares satisfacen las exigencias de los bebedores más exigentes y también de los que quieran acercarse  a la variedad de la coctelería cubana, y el cabaret Parisién, con su buena mesa y espectáculos deslumbrantes,  propicia la diversión y el esparcimiento en un ambiente inolvidable.
            Muy celebrados son en el Hotel Nacional de Cuba, que es, por otra parte,  cada año sede permanente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, los conciertos de música tradicional cubana y los show ballet acuático. La cultura nacional vive en los espacios de la instalación. Hay allí expo-ventas  de objetos del Fondo Cubano de Bienes Culturales, su mesa-buffet exhibe manteles diseñados por 70 pintores cubanos consagrados y se muestran en sus salones unas 300 piezas artísticas de valor patrimonial. La Galería de la Fama, con los retratos de los huéspedes más ilustres del Hotel, propicia el paseo por la historia de la instalación.
            Para el alojamiento, se disponen de 464 habitaciones. De ellas, 16 son suites dobles, y cuenta además con una suite presidencial, dotadas todas esas capacidades con las facilidades y el confort de un hotel cinco estrellas. Muy visitadas son las áreas del gimnasio. 
            No se puede escribir la historia de La Habana si se excluye al Hotel Nacional de Cuba. En él tuvieron lugar acontecimientos de primer orden.  Un Presidente de la República, que lo sería solo por seis horas, prestó juramento a la luz de una vela en una de  sus habitaciones, la 412, en 1934. Y allí, en 1946, se celebró,  convocada y  presidida por Lucky Luciano, la gran reunión de la mafia norteamericana.  Meyer Lansky, el llamado “Financiero de la Mafia”,  tenía como centro de sus andazas habaneras a este Hotel sencillamente clásico que celebra ahora sus tres cuartos de siglo de fundado.

 

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