Manteca de oso

Ciro Bianchi Ross
Mi padre comenzó a quedarse calvo cuando tenía 18 años de edad y a los 22 lo era tanto como lo es ahora. En los años 40, en Cuba e imagino que en cualquier parte del mundo, el sujeto que comenzaba a destecharse se hallaba totalmente indefenso ante el mal que se le venía encima. De ahí que el personaje de una novela de Gabriel García Márquez lamente más la pérdida del cabello que de los dientes, porque para estos estaba el recurso de la prótesis mientras que para lo otro no quedaba más alternativa que la ridícula y humillante solución del bisoñé, que por muy natural que pareciera terminaba siempre por delatar la calvicie que pretendía esconder.
En los años 50, los especialistas Müller para el cabello, que se establecieron en un apartamento del edificio del Retiro Odontológico, frente a la actual heladería Coppelia, advertían de la existencia de ocho
... (... continúa)Hasta el último buchito

Ciro Bianchi Ross
Hacia 1830, cuando Cuba era todavía una colonia española, los criollos empezaron a tratar de diferenciarse de los peninsulares. Nacía la nacionalidad cubana y el café tinto se imponía al chocolate, se preferían los frijoles negros a los garbanzos y el arroz sustituía al pan que los españoles mojaban en los guisos. Los cubanos desechaban las corridas de toros para decidirse por las peleas de gallo y, con tal de acentuar la diferencia, pintaban las fachadas de sus casas con colores diferentes.
Desde entonces el café ha sido parte de la vida cotidiana del cubano. Al amanecer, el olor del café recién colado invade la casa y se escurre por la vecinería. Muchos podrán prescindir del desayuno, pero no de la taza de café que se necesita para comenzar el día con buen signo. Puede prepararse, y se agradece, a cualquier hora. Y es un rasgo común en todos los sectores sociales de la Isla demostrar hospita
... (... continúa)Cien años para Juan Bosch

Ciro Bianchi Ross
En Cuba se sentía como en casa. La tenía como una prolongación de su patria. Había vivido aquí durante casi dos décadas, etapa que definía como la mejor de su vida, y cada uno de sus regresos era para él como una vuelta a la fuente de la juventud. Su mujer y sus hijos eran cubanos y también dos de sus nietas. Cuba fue para Juan Bosch la “isla fascinante”. Y ese es precisamente el título de uno de los libros más célebres.
A Ernesto Guevara lo conoció en Costa Rica y el argentino fue visita frecuente en su casa de San José hasta que decidió trasladarse a Guatemala. Con Fidel Castro trabó relación en los años 40, en los días de la llamada expedición de cayo Confites, cuando unos mil doscientos jóvenes cubanos y dominicanos, reclutados en La Habana, se entrenaron durante meses en esa isleta de la costa norte de Cuba para derrocar a la satrapía de Rafael Leónidas Trujillo. Bosch era uno de los líderes políticos del grupo. Fidel, con 21 años de edad
... (... continúa)La Edad de Oro: Encantar jugando

Ciro Bianchi Ross
La colonia cubana en Nueva York se sorprende, en el verano de 1889, con la noticia. José Martí, el revolucionario viril, el propagandista incansable de la guerra contra España, acaba de lanzar una revista titulada La Edad de Oro y que dedica a los de América.
“Para los niños trabajamos, por que los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”, escribe Martí en el editorial del primer número de la revista y detalla enseguida los propósitos de la publicación: “Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana… Todo lo que quieran saber les vamos a decir; y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Los vamos a decir cómo está hecho el mundo; les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora”.
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Lezama inabarcable

Ciro Bianchi Ross
Chillidos, gritos estentóreos, lágrimas y ataques de histeria –como en un concierto de rock en su punto culminante- caracterizaron la presentación en La Habana, en 1991, de la segunda edición cubana de Paradiso, la gran novela de José Lezama Lima. Fue una verdadera batalla campal en que cada uno de los asistentes se mostraba decidido a conseguir un ejemplar de la obra a como fuera y actuaba en consecuencia.
La ensayista y traductora italiana Alexandra Riccio, el poeta César López y el autor de estas páginas debíamos presentar aquella tarde la novela que aparecía con el sello de la editorial Letras Cubanas. Nos disponíamos a hacerlo cuando el público, joven en su mayoría, cada vez más numeroso e inquieto, ahogó las palabras de Alexandra con lo que primero fue un rumor sordo y luego un grito a voz en cuello. ¡Paradiso! ¡Paradiso! ¡
... (... continúa)Anatomía de La Habana

Ciro Bianchi Ross
La Habana es la dueña del tiempo y la memoria, dice el poeta Miguel Barnet. El arquitecto norteamericano Andrés Duany asegura que la capital cubana, como ciudad, tiene en la América el potencial de Roma. Para García Lorca, La Habana era, sencillamente, “una maravilla”. De su “irreductible ambivalencia” le ve nacer su encanto a la ciudad la doctora Graziella Pogolotti. Para el historiador Eusebio Leal definir La Habana es tan difícil como definir la poesía.
La Habana, esta ciudad bulliciosa y parlera –tan bien apresada en los lienzos de René Portocarrero- marítima, abierta y desprejuiciada, que sabe, sin embargo, vivir su propia vida interior, es una ciudad con todos los estilos y ningún estilo, “un estilo sin estilo que a la larga, por proceso de simbiosis, de amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo”, como afirmara el gran novelista cubano Alejo Carpentier.
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Barberos
Ciro Bianchi RossBarbero, dice el diccionario, es el que se dedica a afeitar. En Cuba, el barbero no solo afeita –es, en verdad, lo que menos hace- sino que ejerce además el oficio de peluquero. Siendo sinónimas esas dos palabras, no tienen aquí, sin embargo, una equivalencia estricta pues barbero es el que corta el cabello a los hombres y peluquero es el que se ocupa del cuidado del cabello de las mujeres. Así es. Entre nosotros ningún hombre dice que visitará la peluquería ni que está urgido de un corte de cabellos, sino que necesita pelarse. Ninguna dama confesará que pasó toda la tarde en la barbería. Y nadie se rasura o depila; se afeita.
Cuando yo era niño me mandaban a la barbería un sábado sí y otro no. Yo no tenía dónde escoger entonces porque el barbero terminaba haciéndome el pelado que de antemano habían seleccionado mis mayores, que era siempre a la pluma corta; el mismo de a la pluma larga, pero más rebajado. No porque me asentara más, supongo, sino porque con menos pelo aguantaba mejor los quince días que transcurrirían hasta el próximo pelado. En esa época la única alternativa para los que iban haciéndose mayorcitos era la de pelarse a lo alemán, con el que el pelo quedaba como las cerdas de un cepillo, aunque para los más pequeños se añadían al catálogo los pelados al coco y a la malanguita. Pelar un niño al coco equivalía a raparlo al cero, mientras que a la malanguita era el mismo cero, pero con un cerquillito.
Grandes y chicos cumplíamos en esos años con el deber social de pelarnos. Lo hacíamos no porque quisiéramos, sino por el qué dirán. Al hombre que anda con el cabello descuidado siempre alguien termina preguntándole si está enfermo. Lo mismo que si luce una barba de varios días. Y la gente calcula el estado de las finanzas de una familia por el largo del cabello de los niños. Era aquella una sociedad muy convencional y nadie asociaba el pelo largo con el talento ni con la rebeldía individual, sino con la inopia o... (... continúa)
Dos hombres y Longina
Ciro Bianchi RossCaricatura de Laz
Longina es una de las piezas más populares de la trova tradicional cubana. Lo que quizás muchos no sepan es que se trata de una canción escrita por encargo. Su autor, Manuel Corona, no conocía a la mujer que se la inspiró. En verdad, la vio solo una vez antes de componerla. Fue suficiente.
HISTORIA DE ESTA HISTORIA
El solar habanero de Las Maravillas, donde residía María Teresa Vera, se fue convirtiendo en un lugar emblemático de la música cubana. Todos los domingos, por la mañana, se daban cita allí los grandes de la trova: Graciano Gómez, Oscar Hernández, Corona… hasta que aquellas peñas se hicieron habituales.
En una ocasión, exactamente el 8 de octubre de 1918, llegó a aquella cuartería el ya célebre periodista Armando André. Lo acompañaba una negra deslumbrante por su personalidad y belleza. Una mujer vistosa, distinguida, a la que era imposible dejar de mirar, siquiera de soslayo. Tanto André como su acompañante vestían con elegancia. Hacían una bonita pareja.
André se acercó a Corona y le pidió que compusiese una canción inspirada en su amiga. Preguntó entonces el trovador el nombre de la muchacha. Se llama Longina… Longina O’Farrill, respondió el periodista, y Corona, sin pensarlo mucho, repuso a su vez que la tendría en unos días y le sugirió que volviera a la semana siguiente para que la escuchara.
En efecto, el domingo 15 la canción estaba lista y Corona dio a conocer en el solar Las Maravillas la que sería una de sus melodías más recordadas.
“En el lenguaje misterioso de tus ojos / hay un tema que destaca: sensibilidad. / En las sensuales líneas de tu cuerpo hermoso / las curvas que se admiran despiertan ilusión, / es la cadencia de tu voz tan cristalina / tan suave y argentada de ignota realidad / que impresionado por todos tus encantos / se conmovió mi lira y en mí la inspiración…”
ANDRÉ, ¿QUIÉN ERES TU?
Armando André termina la Gu... (... continúa)
Las victrolas

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
En Cuba, hasta 1959, la victrola formó parte del paisaje.
Las había en los bares, las fondas, los cafés, los prostíbulos, ¡las bodegas! Eran, dice el musicólogo Cristóbal Díaz Ayala, “el medio más efectivo para lograr que la música grabada reflejase realmente las preferencias del público [que] decidía lo que quería oír, y votaba con su dinero por sus preferidos”. Bastaba con introducir una moneda en la ranura dispuesta para ese fin y aquella máquina dejaba escuchar la pieza musical que se le había pedido. Eran asimismo, y lo recuerda también Díaz Ayala, el cliente más importante de la industria disquera. Como esa industria, ya en esa fecha estaba totalmente en manos cubanas, las victrolas absorbían cada año cerca de tres millones de discos de producción nacional.
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Una historia del tabaco

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Las bondades del tabaco cubano hicieron que se le reconociese como el mejor del mundo y ese reconocimiento situó a nuestro impar producto en la meta de todo buen fumador.
Las utilidades que generaba el hábito de fumar, extendido por la presencia del habano en el mercado mundial, despertaron la codicia de gobernantes, comerciantes y empresarios. Esa codicia dio origen en algunos países al monopolio gubernamental del tabaco y en otros propició el surgimiento de una industria doméstica, amparada en elevados derechos de Aduana, impuestos internos y toda clase de disposiciones que dificultaban las importaciones del tabaco cubano.
Como en ningún caso lograron un producto igual
... (... continúa)En tranvía

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Varias personas se me han acercado para sugerirme que vuelva sobre los tranvías. En específico quieren saber cómo se operaban esos equipos movidos por tracción eléctrica y que se desplazaban por carriles que no sobresalían de la calle, lo que permitía la circulación de otros vehículos.
Intentaré la respuesta a partir de lo que he leído y me contaron. No soy tan viejo para conocer de primera mano cómo se operaban, aunque vi y utilicé esos vehículos y mi padre, para que tuviera el recuerdo, me hizo fotografiar delante de uno de ellos cuando, a comienzos de la década de 1950, se anunció que dejarían de funcionar. Yo no había cu
... (... continúa)Muertes insólitas

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
La muerte es algo impredecible y también inevitable. Todo el mundo se muere cuando le llega la hora, no antes ni después. Sin embargo, hay gente que fallece, y no precisamente por accidente, en circunstancias inusitadas, sorpresivas, cuando nada parece presagiar el final.
El poeta cubano Julián del Casal, sin ir más lejos, murió de risa. Así como lo cuento. En efecto, en la noche del 21 de octubre de 1893, cenaba en la casa del doctor Santos Lamadrid, en el Paseo del Prado. Ya al final de la comida, uno de los comensales hizo un chiste, Casal dejó escuchar una estruendosa carcajada y, de pronto, su risa se vio interrumpida por una violenta hemorragia que puso fin a su existencia. Era un hombre triste y melancólico. Enfermo. Rubén Darío, en las páginas que le dedicó en Los raros, alude a sus contactos con el poeta y recuerda haberlo visto alegre so
... (... continúa)Los peregrinos del San Luis

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Esta es una historia espeluznante. En mayo de 1939 más de 900 judíos que arribaron al puerto de La Habana a bordo del buque San Luis, procedente de la Alemania nazi, se vieron impedidos de desembarcar pese a que todos contaban con la autorización pertinente para hacerlo, un llamado permiso de desembarco por el que pagaron un mínimo de 150 dólares. Casi todos ellos habían solicitado visa para Estados Unidos y pensaban permanecer en la Isla solo hasta que pudieran entrar en dicho país. Pero ocho días antes de que el San Luis zarpara con destino a Cuba desde el puerto alemán de Hamburgo, el presidente cubano Federico Laredo Bru, invalidaba mediante un decreto, los permisos de desembarco. Para entrar en Cuba se haría obligatorio entonces contar con una autorización de la Secretaria de Estado y otra, de la Secretaría del Trabajo, más el pago de un bono de 500 dólares, requisitos de los que, desde luego, se excl
... (... continúa)El libro que quitó el sueño a García Márquez

Ciro Bianchi Ross
García Márquez no ocultó su entusiasmo apabullante y dijo que este libro, que era el que durante años, luego de la muerte de Allende, había querido leer, le quitó el sueño. Fidel Castro fue sintético en su valoración del volumen, pero igualmente elogioso: “Juro que si tuviera dinero pagaría la edición masiva de ese libro”, sentenció como un escopetazo.
En una sala de la fortaleza de la Cabaña, abarrotada de público, durante la recién finalizada Feria Internacional del Libro de La Habana, dedicada esta vez a Chile, Max Marambio (Santa Cruz, Colchagua, 1947) presentó la edición cubana de Las armas de ayer, precisamente el título que Fidel y García Márquez saludaban con aplausos. Aunque contaba ya con siete ediciones en cuatro países –y pronto las tendrá en México, Italia y EE UU- se trataba, al decir de su autor, de una edición especial porque incluía un
... (... continúa)Plaza, cien años

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Tiene aire de época. Es amplio y espacioso, como para perderse en sus salones. Bellísimo. Combina el estilo colonial con el confort de la vida moderna. Su ubicación resulta insuperable y desde sus balcones y terrazas regala una de las mejores vistas de La Habana. El Hotel Plaza cumplió cien años y retiene con orgullo la corona real que desde su inauguración luce en su monograma.
Persiste en esta instalación la distinción de antaño. Impactan sus pisos de mosaicos franceses trabajados a mano. Los techos casetonados. Las lámparas de cristal y bronce. Las fuentes que evocan los patios rumorosos de ayer. Las obras de arte originales… En el área de alojamiento, los muebles se conjugan con la estructura de las habitaciones y algunas de ellas conservan parte de su&
... (... continúa)


