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El Rey de la Melodía

Ciro Bianchi Ross
Lo vimos muchas veces por el barrio de Los Sitios, en Centro Habana. Caminaba con elegancia y ritmo aquel hombre alto y huesudo que, vestido invariablemente de guayabera y pantalón blancos y tocado con un jipijapa auténtico, parecía un Quijote tropical. Era Joseíto Fernández, El Rey de la Melodía, el creador de la famosísima Guajira guantanamera, la pieza musical cubana, junto con El manisero, de Simons, y La comparsa, de Lecuona, más difundida en el mundo.
Esa melodía no es guajira ni tampoco guantanamera. Quiere decir esto que no es oriunda de la provincia cubana de Guantánamo ni pertenece al género musical conocido como guajira. Joseíto Fernández la creó en 1928, en tiempos en que se iniciaba como cantante de sones, y la estrenó en la radio en 1935. Fue, a partir de 1940, el tema que identificó a su orquesta hasta que tres años después el cantante era contratado en exclusiva
... (... continúa)La amante cubana de Greta Garbo

Ciro Bianchi Ross
Una cubana de ascendencia santiaguera, nacida en Nueva York, fue amante de Greta Garbo. Lo fue asimismo de Marlene Dietrich e Isadora Duncan, dos de los nombres más sobresalientes en la larga lista de sus relaciones amorosas que extendieron sus tentáculos a lo largo y ancho del estrellato de Hollywood. Mostraba preferencia por las actrices y las escritoras. Podían ser jóvenes promesas o viejas glorias, como Pola Negri, la supuesta novia de Rodolfo Valentino. Fueron tormentosos sus amores con la actriz Eva Le Gallienne, la prometida de Basil Rathbone, que se hizo célebre por su interpretación de Sherlock Holmes, y solo la bailarina rusa Tamara Plaronovna Karsavina siguió siendo su amiga una vez superada la pasión. Era, dicen las que la conocieron, de una personalidad arrolladora, celosa y posesiva; una mujer que nunca ocultó sus preferencias sexuales. “No puedes deshacerte de ella tan tranquilamente; ha tenido a dos de las mujeres más importantes de Estados Unidos: Greta Garbo y Marlene Dietrich”, escribía la famosa narradora norteamericana Gertrude Stein a su compatriota la escritora Anita Loos. Mercedes de Acosta incursionó como diseñadora en el mundo de la moda; publicó varios poemarios y alguna
... (... continúa)Dime cómo escribes

Ciro Bianchi Ross
Un libro publicado hace ya algún tiempo recogió las respuestas que cuatrocientos escritores vivos y muertos de veinte y ocho países dieron a lo largo de los años a una sola pregunta. ¿Por qué escribe?
Hubo de todo en las contestaciones entresacadas de muy diversas entrevistas y confesiones. Así, mientras García Márquez lo hace “para que me quieran más”, y Julio Cortázar dijo que escribió Rayuela porque no pudo “bailarla, ni cantarla ni esculpirla”, ese monstruo de la creación que fue William Faulkner confesaba paladinamente que escribía “para ganarme la vida”. Aunque allí no se dice, el autor de Mientras agonizo y El sonido y las furias carretillaba carbón cuando conoció al novelista Sherwood Anderson y “al percatarme de lo bien que vivía comprendí que escribir era lo mío”. Si Hemingway llegó a tener un yate, F
... (... continúa)Cien años para Juan Bosch

Ciro Bianchi Ross
En Cuba se sentía como en casa. La tenía como una prolongación de su patria. Había vivido aquí durante casi dos décadas, etapa que definía como la mejor de su vida, y cada uno de sus regresos era para él como una vuelta a la fuente de la juventud. Su mujer y sus hijos eran cubanos y también dos de sus nietas. Cuba fue para Juan Bosch la “isla fascinante”. Y ese es precisamente el título de uno de los libros más célebres.
A Ernesto Guevara lo conoció en Costa Rica y el argentino fue visita frecuente en su casa de San José hasta que decidió trasladarse a Guatemala. Con Fidel Castro trabó relación en los años 40, en los días de la llamada expedición de cayo Confites, cuando unos mil doscientos jóvenes cubanos y dominicanos, reclutados en La Habana, se entrenaron durante meses en esa isleta de la costa norte de Cuba para derrocar a la satrapía de Rafael Leónidas Trujillo. Bosch era uno de los líderes políticos del grupo. Fidel, con 21 años de edad
... (... continúa)La Edad de Oro: Encantar jugando

Ciro Bianchi Ross
La colonia cubana en Nueva York se sorprende, en el verano de 1889, con la noticia. José Martí, el revolucionario viril, el propagandista incansable de la guerra contra España, acaba de lanzar una revista titulada La Edad de Oro y que dedica a los de América.
“Para los niños trabajamos, por que los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”, escribe Martí en el editorial del primer número de la revista y detalla enseguida los propósitos de la publicación: “Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana… Todo lo que quieran saber les vamos a decir; y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Los vamos a decir cómo está hecho el mundo; les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora”.
... (... continúa)
Lezama inabarcable

Ciro Bianchi Ross
Chillidos, gritos estentóreos, lágrimas y ataques de histeria –como en un concierto de rock en su punto culminante- caracterizaron la presentación en La Habana, en 1991, de la segunda edición cubana de Paradiso, la gran novela de José Lezama Lima. Fue una verdadera batalla campal en que cada uno de los asistentes se mostraba decidido a conseguir un ejemplar de la obra a como fuera y actuaba en consecuencia.
La ensayista y traductora italiana Alexandra Riccio, el poeta César López y el autor de estas páginas debíamos presentar aquella tarde la novela que aparecía con el sello de la editorial Letras Cubanas. Nos disponíamos a hacerlo cuando el público, joven en su mayoría, cada vez más numeroso e inquieto, ahogó las palabras de Alexandra con lo que primero fue un rumor sordo y luego un grito a voz en cuello. ¡Paradiso! ¡Paradiso! ¡
... (... continúa)Barberos
Ciro Bianchi RossBarbero, dice el diccionario, es el que se dedica a afeitar. En Cuba, el barbero no solo afeita –es, en verdad, lo que menos hace- sino que ejerce además el oficio de peluquero. Siendo sinónimas esas dos palabras, no tienen aquí, sin embargo, una equivalencia estricta pues barbero es el que corta el cabello a los hombres y peluquero es el que se ocupa del cuidado del cabello de las mujeres. Así es. Entre nosotros ningún hombre dice que visitará la peluquería ni que está urgido de un corte de cabellos, sino que necesita pelarse. Ninguna dama confesará que pasó toda la tarde en la barbería. Y nadie se rasura o depila; se afeita.
Cuando yo era niño me mandaban a la barbería un sábado sí y otro no. Yo no tenía dónde escoger entonces porque el barbero terminaba haciéndome el pelado que de antemano habían seleccionado mis mayores, que era siempre a la pluma corta; el mismo de a la pluma larga, pero más rebajado. No porque me asentara más, supongo, sino porque con menos pelo aguantaba mejor los quince días que transcurrirían hasta el próximo pelado. En esa época la única alternativa para los que iban haciéndose mayorcitos era la de pelarse a lo alemán, con el que el pelo quedaba como las cerdas de un cepillo, aunque para los más pequeños se añadían al catálogo los pelados al coco y a la malanguita. Pelar un niño al coco equivalía a raparlo al cero, mientras que a la malanguita era el mismo cero, pero con un cerquillito.
Grandes y chicos cumplíamos en esos años con el deber social de pelarnos. Lo hacíamos no porque quisiéramos, sino por el qué dirán. Al hombre que anda con el cabello descuidado siempre alguien termina preguntándole si está enfermo. Lo mismo que si luce una barba de varios días. Y la gente calcula el estado de las finanzas de una familia por el largo del cabello de los niños. Era aquella una sociedad muy convencional y nadie asociaba el pelo largo con el talento ni con la rebeldía individual, sino con la inopia o... (... continúa)
Dos hombres y Longina
Ciro Bianchi RossCaricatura de Laz
Longina es una de las piezas más populares de la trova tradicional cubana. Lo que quizás muchos no sepan es que se trata de una canción escrita por encargo. Su autor, Manuel Corona, no conocía a la mujer que se la inspiró. En verdad, la vio solo una vez antes de componerla. Fue suficiente.
HISTORIA DE ESTA HISTORIA
El solar habanero de Las Maravillas, donde residía María Teresa Vera, se fue convirtiendo en un lugar emblemático de la música cubana. Todos los domingos, por la mañana, se daban cita allí los grandes de la trova: Graciano Gómez, Oscar Hernández, Corona… hasta que aquellas peñas se hicieron habituales.
En una ocasión, exactamente el 8 de octubre de 1918, llegó a aquella cuartería el ya célebre periodista Armando André. Lo acompañaba una negra deslumbrante por su personalidad y belleza. Una mujer vistosa, distinguida, a la que era imposible dejar de mirar, siquiera de soslayo. Tanto André como su acompañante vestían con elegancia. Hacían una bonita pareja.
André se acercó a Corona y le pidió que compusiese una canción inspirada en su amiga. Preguntó entonces el trovador el nombre de la muchacha. Se llama Longina… Longina O’Farrill, respondió el periodista, y Corona, sin pensarlo mucho, repuso a su vez que la tendría en unos días y le sugirió que volviera a la semana siguiente para que la escuchara.
En efecto, el domingo 15 la canción estaba lista y Corona dio a conocer en el solar Las Maravillas la que sería una de sus melodías más recordadas.
“En el lenguaje misterioso de tus ojos / hay un tema que destaca: sensibilidad. / En las sensuales líneas de tu cuerpo hermoso / las curvas que se admiran despiertan ilusión, / es la cadencia de tu voz tan cristalina / tan suave y argentada de ignota realidad / que impresionado por todos tus encantos / se conmovió mi lira y en mí la inspiración…”
ANDRÉ, ¿QUIÉN ERES TU?
Armando André termina la Gu... (... continúa)
200 años de Plácido

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Si El Cucalambé es el único poeta cubano que logra una verdadera transustanciación con el pueblo, al quedar abolida toda frontera entre lo que escribió y lo que se le atribuye, Plácido es, junto con Heredia, el primero que llega a ser gustado por cultos y no cultos pues unía, decía Lezama Lima, la espontaneidad a un refinamiento cuya esencia es constante aunque desconocida. Precisaba Lezama: “Fue la alegría de la casa, de la fiesta, de la guitarra y de la noche melancólica. Tenía la llave que abría la puerta de lo fiestero y aéreo”.
Las ediciones de sus versos superaron en número a las de Heredia y fue el poeta cubano más divulgado en el siglo XIX. Cultivó, p
... (... continúa)El Águila Negra

Ciro Bianchi Ross
En varias ocasiones he aludido en esta página a El Águila Negra, el guajiro de Tacajó que se convirtió en uno de los grandes estafadores internacionales de todos los tiempos.
Lo hice siempre de pasada porque no disponía de información suficiente. Soy, sin embargo, un escribidor afortunado. Un lector solidario, Antonio Lemus Nicolau, de Gibara, Holguín, que me ha sacado de apuros similares, pese a que no nos conocemos personalmente, me hizo llegar en fotocopias largos fragmentos de la prolija investigación que sobre el personaje acometió el periodista holguinero Ángel Quintana Bermúdez y que recogió en un libro que desconocía hasta ahora, El Águila Negra y otras historias.
Quintana Bermúdez buceó
Fray Olallo

Ciro Bianchi Ross
El padre Olallo no hizo milagros, pero en Camagüey se le tiene como un santo. Era un adolescente cuando, ya como profeso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fue destinado a uno de los hospitales civiles de esa ciudad a fin de que completara su formación religiosa y profesional. En el hospital de San Juan de Dios, durante 54 años, se dedicó al cuidado del enfermo, del más necesitado, del marginado.
Eran tiempos en los que un solo médico atendía los tres hospitales civiles de la localidad y no era raro que, en épocas de epidemias, los pacientes tuvieran que amontonarse en patios y pasillos de esas casas de salud o de… muerte. Para aliviar tantas calamidades, Olallo, en la práctica de todos los días, se hizo cirujano, boticario y dentista, pero siguió asumiendo con humildad las labores más desagradables, como las de botar orinales, bañar a enfermos, l
... (... continúa)Pasión y muerte de Yarini

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
¿Era un aristócrata o un héroe, un santo o un guerrero? Para algunos, Alberto Manuel Francisco Yarini y Ponce de León era, antes que todo, un político, alguien que hubiera llegado lejos en la cosa pública cubana… ministro, senador o, por qué no, presidente. Todas esas posibilidades se frustraron con su asesinato. Tenía entonces 28 años de edad y era el “gallo” de San Isidro, el rey de los chulos cubanos. Transcurridos casi cien años de su muerte nadie ha osado disputarle su bien ganada corona.
Hoy, a pedido de no pocos lectores, volvemos a traer a esta página al singular personaje. Nos valemos para ello del libro titulado (... continúa)
Sindo Garay

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Los cubanos son los creadores del bolero. José (Pepe) Sánchez, un sastre oriundo de la ciudad de Santiago de Cuba, compuso, en 1885, el primer bolero auténtico que marcó la pauta a los que le seguirán. A partir de ahí la canción popular cubana –llámese criolla, guajira, clave, bambuco, habanera, bolero o canción propiamente dicha, según sus características rítmicas o métricas- experimentaría un auge extraordinario. En la propia Santiago hacen lo suyo Alberto Villalón y Miguel Matamoros; en Cienfuegos, Eusebio Delfín, mientras que Rafael Gómez (Teofilito) y Miguelito Companioni se destacan en Sancti Spíritus. En La Habana, proveniente también del centro de la Isla, está, con su guitarra a cuesta, Manuel Corona. Son los años de Boda negra, Mariposita de (... continúa)
¡Jaque doble!

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
José Raúl Capablanca casi nunca hablaba de ajedrez. Su cultura general era tan vasta que le permitía abordar con agudeza y fluidez los temas más variados y seguir inteligentemente el tópico que esbozara su interlocutor, por difícil que fuera. Era, sin embargo, un mal conferenciante: reducía sus expresiones a términos esenciales porque suponía, equivocadamente, que los demás seguían el curso de su pensamiento. No fue nada disciplinado como deportista y su estilo de vida giraba en sentido inverso al del resto de los mortales: se iba a la cama cuando los demás se disponían a levantarse y desayunaba a la hora del almuerzo. Llegó a ganar unos 25 mil dólares al año, cifra no alcanzada por ningún otro maestro en su época. Como nunca necesitó molestarse ni esforzarse para llegar a ser lo que fue, se le considera el ajedrecista más grande de todos los tiempos. En efecto, como afirmó el maestro Mijail Botvinnik, no se puede comprender el mundo de ajedrez sin mirarlo con los ojos de Capablanca. <
... (... continúa)Recuerdo de Gutiérrez Alea

Ciro Bianchi Ross
Sus amigos recuerdan su rigor y su honestidad; su actitud intransigente frente a lo mal hecho, su agudo sentido del humor. Dicen que, aunque podía mostrar toda su ternura, era ríspido y peleón y, por momentos, ácido, burlesco, hiriente. Pero sabía crear un clima de juego y alegría que facilitaba el trabajo en las filmaciones, y, con una actitud flexible y abierta, podía escuchar y aceptar los aportes que, durante la realización de una película, surgían de la discusión improvisada. Su obra fue reflejo intenso de su personalidad y de su tiempo, dice el ensayista Reynaldo González; comunión de militancia disciplinada y cuestionamiento polémico en un compromiso absoluto con su país y con su época.
Tomás Gutiérrez Alea es el más emblemático de los directores cubanos de cine. Su película Memorias del subdesarrollo, esa cinta ácida e hímni
... (... continúa)Amores

Ciro Bianchi Ross
Caricatura Laz
¿Sabía usted que Quiéreme mucho, una de las más famosas canciones cubanas, fue vendida a una casa editora por su autor, el maestro Gonzalo Roig, por tres pesos?
La pieza en cuestión se tituló originalmente Serenata criolla y se estrenó en el teatro Alhambra como parte de la obra El servicio obligatorio. Data de 1915. Dos prestigiosos autores cubanos se ocuparon de su letra. Ramón R. Gollury, que firmaba con el seudónimo de Roger de Lauria, escribió la primera parte, en tanto que la segunda correspondió a Agustín Rodríguez, el popularísimo sainetero del teatro Martí, que escribió asimismo, junto a Pepito Sánchez Arcilla, el libreto
... (... continúa)Un traductor llamado Novás Calvo

Ciro Bianchi Ross
Caricatura Laz
Se cumplieron cincuenta y cinco años de la primera publicación en español de El viejo y el mar, la célebre novela de Ernest Hemingway. El acontecimiento lo propició la revista Bohemia, de La Habana, que insertó de manera íntegra el relato en su edición correspondiente a 15 de marzo de 1953. Suceso que se inscribe en la celebración del centenario de Bohemia y en la de los ochenta años de la primera visita a Cuba del gran narrador norteamericano.
La revista Life había dado a conocer e
... (... continúa)Rita

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Yo no había cumplido aún los diez años de edad, pero recuerdo detalles de la muerte de Rita Montaner, el 17 de abril de 1958. Una ola de dolor recorrió el país de extremo a extremo y todos los canales de la televisión nacional, incluido el espacio de Gaspar Pumarejo, a quien Goar Mestre, por viejas rencillas, quiso excluir del duelo, suspendieron sus programaciones habituales para rendir tributo a la artista todavía insepulta. El deceso se vio precedido de las noticias acerca de su enfermedad y la intervención quirúrgica a la que la sometieron para prolongarle la vida, y por aquella dramática colecta con la que, bajo el lema de “Un centavo para Rita”, quiso el pueblo cubano sufragarle el tratamiento médico. En el Hospital Curie, actual Instituto de Oncología, y con el pañuelo de cáncer ya en el cuello, la revista Bohemia le había hecho un reportaje gráfico y ella, herida d
... (... continúa)Presidentes
Ciro Bianchi Ross ¿Sabía usted que la antigua provincia de Las Villas, en el centro de la Isla, fue el territorio que más nombres aportó a la presidencia de la República de Cuba entre 1902 y 1959? ¿Que no hubo ningún camagüeyano que llegara a desempeñar la primera magistratura y que tres de los que lo hicieron nacieron en el exterior? ¿Que de los presidentes de Cuba seis fueron abogados y dos médicos, y que hubo incluso un graduado de Filosofía y Letras y dos ingenieros? ¿Que de los de extracción más humilde fueron los que más se amillonaron en el ejercicio del poder? ¿Conoce usted lo que el periodista Mario Kuchilán, hace muchos años llamó “el sino de los Carlos”? Pues sí, entre 1902 y 1959, llamarse Carlos fue fatal para los presidentes cubanos.
De estas y otras cosas que atañen a los mandatarios anteriores a 1959 estaré hablando en seguida.
... (... continúa)Presencia de Eduardo Saborit

Ciro Bianchi Ross
Era un hombre cariñoso, comunicativo y amable y un compositor prolífico que con altos vuelos llevó la música campesina al pentagrama. En dos ocasiones pusieron en manos de Eduardo Saborit un cheque en blanco para que escribiese él mismo la cantidad que quería recibir: Cuando escribió Conozca a Cuba primero y la petrolera Esso quiso utilizarla en sus campañas publicitarias, y cuando, en los años iniciales de la Revolución, la agencia de publicidad para la que laboraba en La Habana insistió en que se fuese a vivir y a trabajar a Puerto Rico. Ninguna de las dos veces se dejó comprar. En la primera, alegó que no vendía a una empresa extranjera lo que componía para su país. La respuesta, en la segunda ocasión, fue más contundente. Escribió Cuba qué linda es Cuba, una canción que le ha dado la vuelta al mundo.“Oye, tú que dices que tu patria / no es tan linda. / Oye, tú que dices que lo tuyo / no es tan bueno, / yo te invito a que busques / por el mundo/ otro cielo tan azul / como tu cielo…”
(... continúa)
Vida, prisión y muerte de Policarpo Soler

Ciro Bianchi Ross
Los que lo conocieron personalmente aseguran que no parecía un sujeto agresivo, sino más bien un político profesional, un hombre de éxito, pródigo en el abrazo y en la convidada, que enfundaba su imponente humanidad en la guayabera de hilo finísimo y el pantalón impecable, siempre con los cabellos y el bigote cuidados y la cara rasurada con esmero… Su semblante apacible y jovial no era el del clásico matón, pero Policarpo Soler lo era y de los peores.
Un largo rosario de crímenes jalonó su existencia desde que a comienzos de los años 40 se le acusó de un homicidio en su natal Camagüey. Pero lejos de condenársele por ello, Policarpo, con el nombre supuesto de Domingo Herrera, empezó a lucir un buen día los galones de teniente de la Policía Nacional. Y en la Policía estuvo hasta el fin del primer gobierno de Batista, en 1944. Dos años después, otro hecho de sangre lo obligaba a salir del país. Es entonces que, en México, estrecha amistad con Orlando león Lemus (El Colorado) y otros adversarios de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR) el grupo del extinto Emilio Tro que permanecían exiliados a causa de los sucesos d
... (... continúa)Soloni

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Pese a ser de los más recientes, Félix Soloni es de nuestros costumbristas menos recordados. Los libros de Eduardo Robreño se publicaron, como quien dice, ayer. Las crónicas de Emilio Roig se recogieron en libro, y hace un par de años apareció, compilada por Laidi Fernández de Juan, una colección de las Estampas, de Eladio Secades. Soloni no ha tenido esa suerte, como tampoco Federico Villoch (Viejas postales descoloridas) y Ramón A. Catalá (Del lejano ayer). Sin embargo, su columna La vieja Habana, que mantuvo hasta 1968 en el periódico El Mundo, le ganó sin reservas el favor y el agradecimiento de los lectores. Crónicas muy breves y, por lo general, brevísimas, escritas con la prisa que impone el trabajo periodístico; puro hueso, en las que el autor de manera directa, sin otra apoyatura que su memoria y sin preocuparse a veces de los detalles, abordaba un hecho o un personaje de una Habana ya desaparecida, en el momento en que escribió, o que estaba a punto de desaparecer.
... (... continúa)
Benny, El Bárbaro del Ritmo

Ciro Bianchi Ross
Benny Moré fue el ídolo de los bailadores. En su repertorio, que abarcaba todos los ritmos de la música popular, palpitaba nuestra alegría festiva y una cubanía auténtica, y en su voz –alegre, violenta, sensual, triste- una síntesis del ser nacional. Benny halló un estilo único para sus interpretaciones y estuvo dotado de una voz providencial. Se dice que fue el cantante cubano más polifacético, que era capaz de florear, alargar, repetir frases de una canción sin alterar su ritmo, y que pese a que se desenvolvió en una época sumamente permeada de elementos foráneos en la música –que en lo tocante a armonización asimiló inteligentemente- supo mantenerse fiel a sus orígenes.
Era en sí mismo, actuara o no, un espectáculo. Risueño, expresivo, espontáneo, ocurrente, cordial, agresivo cuando la ocasión lo requería, como aquella vez que, en Caracas, le rompió la cabeza a cabillazos a un empresario que se negó a pagarle el dinero de sus músicos. Dirigía con una serie de movimientos únicos que iban desde la suave contracción del brazo hasta una violenta patada contra el piso.
(... continúa)
Constante

Ciro Bianchi Ross
Todavía a comienzos del siglo XX en Cuba, donde no se conocía o no era popular la palabra “coctel”, se hablaba de compuestos, meneados o achampanados para aludir a las mezclas de bebidas. La ginebra compuesta, que deleitara a nuestros bisabuelos, era la liga de esa bebida con azúcar, limón y angostura, enfriada con hielo, mientras que el achampanado no era más que ron, coñac o vermut mezclado con agua de seltz y azúcar. El tren, otro de los tragos preferidos de antaño, se elaboraba con ginebra y agua de cebada.
Había en ese tiempo una taberna famosa llamada La Piña de Plata. Fue fundada en 1819 y se ubicaba a la vera de una de las puertas de la muralla que entre 1797 y 1863 rodeaba y protegía “la primitiva, modesta, sencilla, patriarcal y pequeña ciudad de San Cristóbal de La Habana”. Una casona de ventanales buidos, a la que acudían petimetres, músicos, militares, faranduleros y hombres de toda laya gustosos de saborear la sabrosa ginebra compuesta, el vaso de agua con anís y panales, el típico vermut “voluntario”, el licor de
... (... continúa)Gregorio, el amigo de Hemingway

Ciro Bianchi Ross
Se cumplieron por estos días seis años de la muerte de Gregorio Fuentes, el gran amigo de Ernest Hemingway. Vivió tanto -104 años- que llegamos a pensar que no moriría nunca.
Gregorio Fuentes y Ernest Hemingway se conocieron en 1928, en Dry Tortugas, durante un huracán, y una década después se reencontraron en un cafetín del poblado habanero de Casablanca. Hemingway escribía entonces Por quién doblan las campanas y era todavía un turista sospechosamente reincidente que pasaba sus días cubanos en el hotel Ambos Mundos. Gregorio era todo un lobo marino. Había nacido en Lanzarote, Islas Canarias, y el mar era lo suyo desde niño. Fue entonces que el narrador le propuso que trabajara para él como patrón de su yate Pilar. Sería, como dijo Hemingway, “el pilar del Pilar”. Le confiaría asimismo la cocina y el “departamento etílico” de la embarcación. Le llamaba el capitán Grigorine y lo inmortalizó en una novela: Gregorio Fuentes es el Antonio de Islas en el golfo.
... (... continúa)Dos habaneras de ayer

Ciro Bianchi Ross
¿Qué tal si le digo que María Teresa Montalvo y O’Farrill, Condesa de San Juan de Jaruco por más señas, una ilustre habanera, viuda y con cuatro hijos, pero todavía joven, apetecible y perfectamente encamable, fue amante del rey José I, aquel “Pepe Botella” elevado al trono de España por obra y gracia de su tierno hermano Napoleón? ¿Y que su hija María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, la muy célebre Condesa de Merlin, lo fue a su vez de Jerónimo Bonaparte, sobrino del Emperador?
¿Verdad o mentira? ¿Rumores alentados por la envidia o la malquerencia? No se sabe. Al menos, es lo que se dice. Chismes de la historia. Pero lo cierto es ambas dieron pábulo a los comentarios. Lady Holland, en su libro Mi viaje a España, retrata a la Condesa de Jaruco como una “hermosa habanera, en extremo voluptuosa, que vive entregada por completo a la pasión del amor”, en tanto que en un panfleto político de la época se la tacha de “disoluta y escandalosa”. Y en cuanto a la hija, sus biógrafos, siempre ansiosos de hurgar en las sábanas sucias, sobre todo por tratarse de las de una mujer, le atribuyen unos cuantos romances, entre ellos el del Príncipe Jerónimo, sin que a la vuelta del tiempo podamos saber ya cuáles fueron platóni
... (... continúa)Una anécdota de Nicolás Guillén

Ciro Bianchi Ross
Empecé muy temprano a leer a Nicolás Guillén. Me asomé a su poesía gracias a aquellos libritos que publicaba la editorial Losada, de Buenos Aires, en su colección Contemporánea. En 1960, 1961, apenas había ediciones cubanas de los libros de Nicolás. Después empecé a interesarme también por su periodismo. Aunque muchos no lo reconocen, nuestro gran poeta fue un gran periodista, y yo no me perdía una de aquellas crónicas que en esa época daba a conocer en el periódico Hoy. Ya en 1962, la Universidad Central de Las Villas publicó una selección del periodismo de Guillén, Prosa de prisa, y el primero de los dos volúmenes de Nicolás Guillén: apuntes para un estudio biográfico-crítico, de Ángel Augier.Conocía todo eso cuando la revista Cuba Internacional, a comienzos de 1972, me encargó que le hiciera una entrevista por su cumpleaños 70. Accedió el poeta y pidió que le hiciera llegar el cuestionario. Nunca me ha gustado entregar al entrevistado un cuestionario previo. Obliga al entrevistador a un quehacer exhaustivo. A aparentar una brillantez que estimule la apetencia del entrevistado. Sin contar que cuando el entrevistado ve el cuestionario, insiste en responderlo por escrito, lo que en la mayor parte de los casos resta a la entrevista... (... continúa)Poetas

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
José Martí murió a los 42 años de edad, Joaquín Lorenzo Luaces, a los 41, Juan Clemente Zenea, a los 39, Julia Pérez, a los 36 y Plácido y José María Heredia, a los 35. A los 33 falleció Juan Nápoles Fajardo. Julián del Casal tenía 30 años al morir, Carlos Pío Uhrbach, 25 y Juana Borrero, 18.
La muerte se ensañó temprano con algunos de los poetas cubanos más importantes del siglo XIX. Martí y Carlos Pío encontraron la muerte en combate. Zenea y Plácido fueron fusilados. Casal que, al decir de Lezama Lima, vivió como un delfín muerto de sueño, murió de risa. En efecto, en la noche del 21 de octubre de 1893 cenaba el poeta en la casa del doctor Santos Lamadrid, en el Paseo del Prado. Alguien hizo un chiste ya al final de la comida y Casal rió de buena gana. Pero pronto su risa se vio interrumpida por una violenta hemorragia que puso fin a su existencia.
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... (... continúa)Hemingway, ciudadano de Cojímar

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Sucedió en el ya desaparecido Palacio de los Deportes, en Paseo y Mar, en el Vedado, cerca de donde se edificó después el hotel Havana Riviera, el 17 de noviembre de 1955. Ernest Hemingway acudió al lugar con el fin de recibir la medalla de San Cristóbal de La Habana, que le concedería el gobierno habanero en reconocimiento a sus méritos de escritor y por su larga residencia en la capital, y vio en exhibición una caricatura que mucho lo disgustó. En ella, el autor de El viejo y el mar aparecía como un dios Neptuno –con tridente y su correspondiente trago en las manos- emergido de los mares. Junto a la caricatura se hallaba su creador, Conrado W. Massaguer, y Hemingway, sin perder un minuto, se abalanzó sobre el artista y lo agarró por el cuello al tiempo que lo amenazaba con su puño derecho.
-¡Oiga, deténgase! ¡Usted no puede tratar así a ese hombre que es un gran caricaturista y una gloria de Cuba!
... (... continúa)
Cubanía de Ignacio Cervantes

Ciro Bianchi Ross
Ignacio Cervantes (1847-1905) ocupa un lugar de oro en la música cubana. Alejo Carpentier no vaciló en calificarlo como el músico más importante de nuestro siglo XIX. “Nadie, dice el autor de Los pasos perdidos, pudo situarse más alto que él en lo que se refiere a la solidez del oficio y a su buen gusto que se manifiesta incluso en sus obras menores”.
Estudió en La Habana con Nicolás Ruiz Espadero, “el profesor más caro y mejor considerado de entonces”, y a los 18 años matriculó en el Conservatorio Imperial de París, ciudad en la que alcanzaría no pocos lauros. Era un músico de formación francesa y tuvo buena amistad con compositores como Liszt y Rossini, que lo admitió en su círculo más íntimo y lo invitaba a su mesa pantagruélica. Un pianista como Paderewsky lo admiraba sin reservas.
En cierta ocasión, en la casa de Rossini, que vivió en París desde 1829 hasta su muerte, en 1868, el autor de El barbero de Sevilla y Tancredo
... (... continúa)Días cubanos de Anaís Nin

Ciro Bianchi Ross
El otro día me enfrenté cara a cara con una verdad de Perogrullo. Por esas cosas del azar concurrente, de las que hablaba Lezama Lima, yo había leído por la mañana un artículo sobre Anaís Nin Culmell (1903-1977) la célebre escritora norteamericana de tormentosos amores y que “desafió la moral que imponía límites a la moral femenina”, y esa noche me topé con una carta en la que Rafael Díaz-Balart, a la sazón subsecretario de Gobernación del régimen de Batista, le decía con el mayor desparpajo al titular de esa cartera, Ramón Hermida, que él quería tener tantas “botellas” (sinecuras) como las que disfrutaba Bernabé Sánchez Culmell. Me percaté entonces de una realidad bien evidente y en la que no reparé antes: no solo eran cubanos los padres de Anaís Nin, sino que la autora de Delta de Venus y La casa del incesto tenía toda una familia cubana. Pero había más. A partir de octubre de 1922 y hasta una fecha todavía no determinada del año siguiente, Anaís pasó una temporada en la Isla donde radicó junto a su tía Antolina Culmell, en la finca La Generala, en el barrio habanero de Luyanó. En La Habana asimismo contrajo matrimonio.
Dos pregunta
... (... continúa)Anaís Nin: Retrato de familia

Ciro Bianchi Ross
Thorwald Culmell, el abuelo materno de Anaís Nin, era un danés afincado en La Habana, donde llegó a asumir la representación consular de su país y fue partidario decidido de la independencia de Cuba. Le apodaban Papató y tuvo ocho hijas con la francesa Anaís Vaurigard. Como la escritora dice en su Diario llamarse Ángeles Anaís Antolina Rosa Edelmira, es de suponer que esos fuesen los nombres de casi todas las hijas del acaudalado Papató. De ellas, Rosa casó con Joaquín Nin Castellanos; Anaís, con Bernabé Sánchez Batista, y Antolina lo hizo con Rafael de Cárdenas Benítez. Poco agradaron a Papató los amores de Rosa con aquel joven aspirante a músico que quería labrarse un destino como concertista y compositor. Pero debe haber visto con muy buenos ojos los matrimonios de Anaís y Antolina. Bernabé, que llegaría a ser Gobernador de la provincia de Camagüey, era propietario en esa zona de la finca Santa Beatriz y de una casa comercial con sede en el puerto de Nuevitas que se consideraba como la más pujante de toda la provincia, en tanto que Rafael, abogado, era uno de los generales más jóvenes del Ejército Libertador.
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... (... continúa)Pintor de la cubanía

Ciro Bianchi Ross
Tenía, decía él de sí mismo, algo de salvaje y algo de cartesiano. Hizo rigurosos estudios académicos, aprendizaje que plasmó en no pocos cuadros, y ya en Europa, y entusiasmado con la vanguardia, se acercó al cubismo de la época negra de Picasso. Trascendental resultaría su relación personal con el autor de Guernica y sus acercamientos al arte negro africano. Pero en sentido inverso al de Picasso, el cubano Wifredo Lam asimiló el arte europeo a partir de las maravillas primitivas que llevaba desde su país. Con ese bagaje, cuando los alemanes ocupan la capital francesa, regresa a Cuba para reencontrarse con las “vibraciones de la africanía” e iniciar entonces su etapa más fecunda y definitiva en la que, lejos del cubismo, pero sin desdeñar sus ganancias, se empeña en dar una visión propia del mestizaje cubano. Una pintura sacromágica. Telas surgidas agresivamente de la tierra, en las que los espíritus apresados buscan furiosos la materia para manifestarse y a los que obligó a revelar su secreto.
... (... continúa)
La gota de oro de la décima cubana

Ciro Bianchi Ross
Si en la poesía del siglo XIX cubano, Manzano es el esclavo y Heredia, el desterrado, Mendive, el maestro, Milanés, el loco y Zenea, el mártir, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo es el desaparecido. En 1862, el hombre que había hecho célebre el seudónimo de El Cucalambé y que gozaba ya de una popularidad enorme por sus versos, desapareció para siempre, sin dejar rastro, y hasta hoy llegan las conjeturas sobre su desaparición. Tenía 33 años de edad entonces.
Pasó su infancia en la hacienda paterna, en las cercanías de la ciudad de Las Tunas, en la porción oriental del país, y se sintió identificado con el ambiente rural, que llevó a sus versos. Un abuelo sacerdote le enseñó latín, lo introdujo en la lectura de Virgilio y Horacio y lo hizo conocer bien a poetas españoles como Garcilaso y Villegas. Sin embargo, su cultura literaria no impidió que Nápoles Fajardo adoptara en su poesía la expresión común de los campesinos cubanos. Una parte de su obra clasifica dentro de lo que en nuestra literatura se llamó el ciboneyismo, con la evocación ingenua y sencilla de los aborígenes de la Isla. La otra, que escribió casi siempre en décimas, se inserta en el criollismo y pinta las costumbres de los habitantes de nuestros campos
... (... continúa)Otra visita a Dulce María Loynaz

Ciro Bianchi Ross
La obra de Dulce María Loynaz desarma a la crítica y seduce a públicos cada vez más diversos y numerosos. Es el suyo un mundo real y estilizado a la vez. El amor está presente en sus páginas, y también lo están Cuba y un vasto mundo de seres poéticamente reales, como “la mujer estéril”, que halla en Dulce María un canto digno de su angustia.
En sus poemas iniciales parece advertirse la huella de Juan Ramón Jiménez y de Tagore, pero ella fue haciendo un verso cada vez más suyo hasta llegar a la sencillez y perfección de Poemas sin nombre (1953). Otros poemarios que dio a conocer son Juegos de agua (1947) Carta de amor a Tut-Ank-Amen (1953) Últimos días de una casa (1958) Poemas náufragos (199l) Bestiarium y La novia de Lázaro (ambos de1993). En 1955 publicó en Madrid, su Obra lírica, y hay ediciones cubanas de sus obras completas.
Se evidencian vasos comunicantes entre la poesía de la Loynaz y Jardín (1951) su “novela lírica”, expresión del rico
... (... continúa)Soledad y pasión de René Portocarrero

Ciro Bianchi Ross
René Portocarrero no tuvo nunca una idea preconcebida al enfrentarse a una tela en blanco. Sorprendido siempre por las formas y la composición, su pintura surgía espontáneamente, como una planta, en un juego dramático que entrecruzaba formas y colores. Trabajaba todos los días y gustaba hacer suya la famosa frase de Picasso: “No busco, encuentro”. Pero tenía jornadas en las que no encontraba nada y otras en las que encontraba tres veces. Solía enamorarse de un tema y adentrarse en él hasta agotar todas sus posibilidades. Así surgieron figuras de carnaval, diablitos, santos populares, paisajes de La Habana, catedrales, plazas, mariposas, mujeres… expresados con un sentimiento total y dentro de una universalización de las formas.
-Quizás donde mejor pueda apreciarse esto es en la ornamentación de la colección de Carnavales. Hay quienes han señalado en ella las influencias más diversas, desde las hindúes hasta la de los aborígenes americanos, sin olvidar las de varios folclores del mundo. Mis Carnavales son un homenaje a toda la pintura… No sé si eso de las influencias será cierto o no. Lo que sí es cierto es que mi capacidad de aprehender es muy intensa. Nunca me es ajena una manifestación artíst
... (... continúa)Pablo Neruda en la Habana

Ciro Bianchi Ross
En una carta que el 29 de julio de 1940 Delia del Carril –esposa entonces de Pablo Neruda- dirigió al ensayista cubano Juan Marinello, le dice que las circunstancias había desbaratado a Pablo “el plan de pasar por La Habana”, aunque “de todas formas tiene el firme propósito de ir”. El matrimonio viajaba hacia México, donde el poeta asumiría el cargo de Cónsul General de Chile y una vez en ese puesto, escribe Delia, le resultaría muy difícil viajar sin un motivo plausible. Es por eso que pide a Marinello que los amigos cubanos se acercaran al subsecretario de Relaciones Exteriores chileno, a la sazón en la capital de la Isla, o al embajador de ese país “y le hagan saber vuestro deseo de que Pablo os haga una visita”. Añade que el poeta “está adelantando bastante su Canto general y que no te escribe personalmente y me ha dejado a mí ese placer” porque “tiene que mandar una serie de cartas imprescindibles a Chile, latosas y desagradables” y aprovechará –la pareja viajaba en barco- el correo aéreo de Lima.Esa carta manuscrita, que obra en los fondos de la Biblioteca Nacional de La Habana y cuya lectura resulta difícil, sobre todo la cuartilla inicial, por lo desvaído de la tinta, lleva una posdata del propio Neruda. &ldqu
... (... continúa)Zayas
Ciro Bianchi Ross Alfredo Zayas y Alfonso fue en la política cubana el eterno aspirante.En 1906 se vio obligado a sacrificar sus ansias presidenciales y lo mismo sucedería en las elecciones de 1908, cuando tuvo que conformarse con la vicepresidencia. No quedó otro remedio a los liberales que llevarlo de candidato en las elecciones del 12, pero el presidente José Miguel Gómez, su eterno rival pese a que militaban en el mismo partido, propició el triunfo del conservador Mario García Menocal con tal de no entregarle el poder a su correligionario. En 1916 Zayas ganó por amplio margen las elecciones, pero le dieron la brava y Menocal se reeligió de modo fraudulento. En 1921, al fin, llegó a la presidencia de la nación, aunque para ello tuvo que aliarse al propio Menocal a quien prometió traspasar la primera magistratura en 1925. Llegada esa hora, sin embargo, Zayas quiso reelegirse y no pudo porque Menocal le ganó la asamblea postulatoria. Pactó entonces para entregarle a Gerardo Machado a cambio de cinco millones de pesos que cobró religiosamente de los fondos de la Lotería Nacional. Se dice que Menocal visitó a Zayas en esos días para quejerse del despojo del que lo hizo víctima, y que Zayas, recordando el bravazo de 1916, comentó: "!Y como duele eso!" Al doctor Alfredo Zayas y Alfonso le apodaban El Chino. Tenía ciertamente una paciencia asiática y su flema era única y desconcertante. Le llamaron también El Pesetero; con tal de coger, se conformaba con cualquier cosa. Antes de salir del poder se
... (... continúa)Miguel Mariano

Ciro Bianchi Ross
“Hay que encerrar a Batista en los cuarteles y devolver al poder civil todas las prerrogativas usurpadas por los militares”, repetían una y otra vez amigos y colaboradores al doctor Miguel Mariano Gómez y el presidente de la República, excitado en su celo civilista y con olvido de que debía su posición al jefe del Ejército, quiso serlo de hecho y de derecho. Duró siete meses en el cargo. El Senado, convertido en tribunal de justicia, lo destituía el 24 de diciembre de 1936 y Miguel Mariano salía del Palacio Presidencial como bola por tronera.
VUELTA A LA NORMALIDAD
El año de 1935 se caracterizó por una represión sangrienta. Atentados, ataques policiacos a la prensa, agitación estudiantil y pugnas insalvables entre los revolucionarios de antaño precedieron a la huelga de marzo, que fue sofrenada con saña. Se clausuró la Universidad de La Habana, la única que existía en... (... continúa)Fina: Con urgencia del alma

Ciro Bianchi Ross
Aún recuerda aquella tarde de marzo de 1942 cuando escuchó a Pablo Neruda recitar en La Habana los sonetos de amor y de muerte de Francisco de Quevedo. Fue la única vez que vio en persona al gran poeta chileno y lo evoca ahora mientras recorría la sala de un extremo a otro y decía los versos de memoria, “sin aquella voz declamatoria que adquirió después y hemos escuchado por la televisión”. Neruda entonces, precisa, “aspiraba la última sílaba, pero mucho más débilmente que Gabriela Mistral”. Como toda su generación, Fina García Marruz se entusiasmó con 20 poemas de amor y una canción desesperada, “un clásico del romanticismo americano, que no era de escuela, sino de esencias” porque “venía del romanticismo libertario”. Y leyó con gusto otros poemarios de Neruda como Crepusculario y Tentativa del hombre infinito, pero sobre todo Residencia en la tierra, libro focal en la poesía del continente.
La poetisa cubana Fina García Marruz no pudo de abstenerse de evocar al autor de Canto general al saberse merecedora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, que le entregará en junio, en el Palacio de La Moneda, la Presidenta de Chile
... (... continúa)Carlos, fálico y diablo

Ciro Bianchi Ross
Cuando se conoce por referencia la vida del gran pintor cubano Carlos Enríquez, uno lamenta no haberlo podido conocer personalmente. Fue uno de los mejores intérpretes del paisaje cubano y un retratista excelente y legó, tanto en su pintura como en sus novelas, una visión muy personal de cuanto lo rodeaba. Supo hacerse acompañar invariablemente de mujeres muy hermosas, fuera una escritora francesa o una modelo haitiana, pero era un solitario que vivió poseído de un afán de autodestrucción, y el alcohol, que terminó matándolo, lo destruyó primero como artista. Hablaba sobre la obra de amigos y enemigos y se empeñaba en fabricar la frase más brillante para infligir la herida más profunda. “Carlos fálico y diablo”, lo definía Nicolás Guillén. Pero era un hombre generoso. En sus últimos años, cuando ya no tenía nada que dar, regalaba a los amigos que interesaban su ayuda alguno de sus cuadros para que lo hicieran dinero. Aun así, decía en un poema Félix Pita Rodríguez, se esforzó durante toda su existencia en hacer creer que era tan malo como Benvenuto Cellini y tan perverso como el Marqués de Sade. Esfuerzo inútil, añadía Pita, “aunque algunos, a veces, / te lo confieso ahora / al oído discreto de la muerte, / para verte feliz / fingíamos creerte”.
... (... continúa)
La Habana de Hemingway

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
Ernest Hemingway vivió en esta casa los últimos 22 años de su vida. Cuando se instaló en Finca Vigía –a unos 30 minutos del centro de La Habana- estaba a punto de concluir Por quién doblan las campanas. Al abandonarla para siempre, había recorrido ya como escritor el camino de la fama y merecido el Premio Nobel. En la finca quedaron entonces su Royal portátil, las tumbas de sus perros, unos 50 gatos y los nueve mil volúmenes que atesoró a lo largo de su vida y que muchos años después harían exclamar a García Márquez: “¡Qué biblioteca más rara tenía este hombre!”
Hemingway llegó a Cuba en la primera quincena de abril de 1928. Junto a Pauline Pfeiffer, su segunda esposa, hizo aquí el tránsito para Cayo Hueso, donde concluiría Adiós a las armas. Volvió en 1932 para pescar agujas en las aguas cubanas. Regresó en 1933 y escribió la primera de sus crónicas de tema cubano. A partir de entonces no se desvincularía jamás de esta “isla larga, hermosa y desdichada”, como llamó a Cuba en Las verdes colinas de África. El viejo y el mar (1952) es, por exc
... (... continúa)Luciano en persona

Ciro Bianchi Ross
Caricatura de Laz
El gobierno norteamericano presionaba, pero el presidente Ramón Grau San Martín no cedía. Tendría al fin que hacerlo cuando Washington dispuso la suspensión de los embarques de drogas de uso medicinal hacia Cuba, con lo que se privaría a la Isla de importantes medicamentos. Entonces Charlie Lucky Luciano, el zar del hampa, detenido con toda consideración y cortesía por la Policía Secreta en un lujoso restaurante de La Habana, fue internado en la Estación Cuarentenaria de Tiscornia y se le formó expediente de expulsión.
Culminaba así el proceso iniciado desde que autoridades estadounidenses detectaron la presencia del capo de todos los capos en la capital cubana. Aunque no es improbable que funcionarios de la Oficina de Narcóticos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos hubiesen seguido sus pasos desde Italia, Luciano cometió en La Habana descuidos inadmisibles en un hombre de su posición. Entusiasmado con una joven norteamericana a la que conoció aquí de manera casual y que se volatizaría luego como el humo, se exhibió c
... (... continúa)Finlay

Ciro Bianchi Ross
El doctor Carlos Juan Finlay acaba de hacer un planteamiento absolutamente original y escruta los rostros de sus compañeros de labores académicas. Ha echado por tierra todas las teorías sobre la fiebre amarilla. Es más. Formula una nueva concepción acerca del contagio basada en el papel de los vectores en la trasmisión de enfermedades ya que nunca antes se expuso, y mucho menos se avaló experimentalmente, la posibilidad de que los insectos sirviesen de entes trasmisores de microorganismos patógenos.Se sabe en un momento clave de su existencia. La honda emoción que lo embarga y la confianza en la certeza de sus postulados apenas le deja reparar en la actitud hostil de su auditorio. Piensa que los incrédulos tendrán que mudar de parecer cuando dé a conocer las pruebas que respaldan sus afirmaciones.
Pero Finlay no logra entusiasmar a nadie. Cuando el presidente de la sesión anuncia que concederá la palabra a los que quieran hacer uso de ella, solo se escucha la voz del secretario general de la corporación para solicitar que el trabajo del ilustre científico “quede sobre la mesa”, formulismo que indicaba que no habría comentarios. Ninguno de los estudiosos qu
... (... continúa)Muerte en Palacio

Ciro Bianchi Ross
Yo no sé en qué quedó lo de la muerte sorpresiva del general Manuel Salamanca y Negrete. Si murió de muerte natural o si alguien se las ingenió para quitarlo del camino. Parece ser que era un hombre enfermo, pero cuando falleció en La Habana de 1890 fueron muchos los que tuvieron la certeza de que el Capitán General y Gobernador de la Isla de Cuba había sido asesinado.
A lo largo de su vida pública, Salamanca sobresalió siempre por su competencia e intachable honradez. Su designación para regir los destinos de la Cuba colonial fue saludada con júbilo por los cubanos. Un día de fiesta popular fue el de su llegada a La Habana, y la gente desbordó las calles para recibir al hombre que, pensaba, pondría fin a todos los males que aquejaban al país.
Hubo también escepticismo, por supuesto. Nadie vio hasta ahora a un Gobernador español bueno, escribía Julián del Casal, gran poeta y agudo cronista, en su columna de La Habana Elegante, el 5 de mayo de 1889. Aun así, con el transcurso de los días, el propio Casal llegaba a reconocer que la justicia resplandecía en las disposiciones de Salamanca, ajeno al favorit
... (... continúa)El Paganini negro

Ciro Bianchi Ross
Es ya de noche en La Habana colonial cuando cuatro amigos –negro uno de ellos- entran, después de un concierto, a refrescar a un café. El dependiente, solícito, toma el pedido de los blancos y cuando el otro se dispone a ordenar, le da esta respuesta insolente:
-Yo no sirvo a negros, sino a caballeros.
El aludido apenas puede reprimir la ira. Se incorpora de golpe, señala, altanero, la condecoración que luce en la solapa izquierda del frac y dice:
-Pues yo soy Caballero de la Legión de Honor francesa y no hay en este salón quien pueda decir lo mismo.
Es Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido, “el rey de las octavas”, el violinista excepcional que tiene ya los oídos acostumbrados al aplauso, cosecha fama y dinero en Europa y América, y que a lo largo de su vida sumará a la c
... (... continúa)Cuando quisieron clausurar Tropicana

Ciro Bianchi Ross
No creo que sean muchos los que conozcan que en 1940 quisieron clausurar el cabaret Tropicana. Sacerdotes del colegio de Belén, que colindaba con el centro nocturno, y varios vecinos de la zona, encabezados por Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallén, Conde de San Juan de Jaruco, solicitaron a Ortelio Alpízar, alcalde de Marianao, su cierre inmediato ya que, decían, resultaba una ofensa a la moral de la barriada y atentaba contra el descanso de los alumnos. Con su pedido ponían en tres y dos a la máxima autoridad municipal, pues él mismo había acreditado la apertura del cabaret el 31 de diciembre de 1939.
EDEN CONCERT
Aunque con el correr de los años, Martín Fox, un apostador oriundo de la ciudad central de Ciego de Ávila, que quiso hacer e hizo fortuna en La Habana, introduciría en Tropicana múltiples reformas y mejoras, ese después afamado centro nocturno es obra de Víctor de Correa, un ítalo-brasileño que se radicó en esta capital en 1931. Venía de Panamá, donde, como cajero del cabaret Overtop, se había adiestrado en el manejo de bares y night club, y ya aquí puso en práctica todo lo aprendido con la
... (... continúa)¡Viva la Perla de las Antillas!

Ciro Bianchi Ross
Al ex primer ministro británico Winston Churchill se le dio en Cuba, en 1946, trato de jefe de gobierno, y el Hotel Nacional le reservó, por supuesto, el Apartamento de la República, que se reservaba para los huéspedes oficiales más distinguidos. Durante la Segunda Guerra Mundial la prensa había hecho habitual su imagen de abuelo bonachón e implacable a la vez. Era un fumador insaciable de puros habanos. Cuando se asomó a la portezuela del Boeing 17 que lo trajo, levantó la mano derecha y con los dedos índice y corazón en forma de uve saludó a la multitud que lo aguardaba en el aeropuerto de Rancho Boyeros y que lo aplaudió entusiasmada: Sir Winston repetía para los habaneros el signo de la victoria, gesto que acuñó a lo largo de la contienda bélica.
Y ahí mismo comenzaron los dolores de cabeza para el protocolo cubano y la legación británica en La Habana, porque el ex premier no respetaba horarios ni formalidades y se regía solo por lo que le deparaba la jornada. Se levantaba a las cinco de la mañana y desde ese instante ponía en jaque a todo el hotel. Un día de lluvia, molesto porque no podría darse el acostumbrado chapuzón en la piscina, ordenó de improviso que hicieran sus maletas para marcharse y pidió 
... (... continúa)Leyenda y realidad de Chano Pozo

Ciro Bianchi Ross
“Chano Pozo fue un revolucionario entre los tamboreros de jazz; su influjo fue directo, inmediato, eléctrico. Los más reputados músicos de batería se estremecían ante el inesperado reformador… Por el tambor de Chano hablaban sus abuelos, pero también hablaba toda Cuba, pues el músico Chano, que injertó en el jazz de Norteamérica una nueva y vigorosa energía, fue cubano ciento por ciento. Debemos recordar su nombre para que no se pierda como el de tantos artistas anónimos que durante siglos han mantenido el arte musical de su genuina cubanía”, escribió hace ya muchos años don Fernando Ortiz.
En La historia del jazz, Marshall W. Stearns, apunta que después de Chano no hubo límite alguno para el ritmo. Y Leonardo Acosta, por su parte, asevera que el músico cubano jugó un papel individual de suma importancia en una de las revoluciones más notables que hubo en el jazz, la del bop. “Es el tamborero más grande que he oído en mi vida”, afirmó en cierta ocasión Dizzy Gillespie y sintetizó de esa manera todas las opiniones en torno a Chano.
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... (... continúa)Pote l

Ciro Bianchi Ross
En una época en la que para visitar o acometer cualquier gestión en las edificaciones donde se asentaban los poderes centrales del Estado se hacía obligatorio el uso de la chaqueta, José López Rodríguez entraba al Palacio Presidencial y se reunía con el Presidente en mangas de camisa. Por apretada que fuera su agenda, José Miguel Gómez, ajeno en su caso a todo protocolo, lo recibía sin reparar en su vestimenta, y es que el gallego José López Rodríguez no solo había ayudado mucho a los cubanos durante las luchas por la independencia, sino que era uno de los hombres más ricos de la Cuba de entonces. Le llamaban Pote por su predilección desmedida a los potajes.
Era el vicepresidente-director del Banco Nacional de Cuba, entidad netamente privada pese a su nombre, y era propietario de los centrales España y Reglita, ambos en Matanzas, administrados por la Compañía Nacional de Azúcares de Cuba, que también presidía. Junto con Ramón González de Mendoza era propietario además de la empresa que fomentaba el reparto Miramar y sus intereses se extendían por el Matadero Industrial, la fábrica de cemento El Almendares, la Compañía de Seguros de Cuba y la Compañía Nacional d
... (... continúa)Pote II

Ciro Bianchi Ross
Pote no solo concurría en mangas de camisa al Palacio Presidencial, sino que cuando visitaba al general Domingo Méndez Capote, ex vicepresidente de la República, en su residencia de B esquina a 15, en el Vedado, se distendía y, al calor de la conversación, terminaba con los pies encaramados en la butaca que ocupaba sin importarle su finísima y genuina tapicería de Aubusson.
En su libro Amables figuras del pasado (1981) Renée, la hija del General, lo recuerda como un hombre amable y simpático, muy cordial con los niños y preocupado hasta el detalle por satisfacer a su familia y que, pese a su inmensa fortuna, vivía modestamente, con una austeridad casi espartana.
Un día, evoca la escritora, Pote enfermó de gripe y dos religiosas de la Orden de las Siervitas, magníficas enfermeras, fueron a atenderlo en su casa, un palacio encantado sobre los acantilados del Vedado, una mansión en tonos blancos y azules, de dos pisos y un alto abuhardillado. Penetraron las monjitas y fueron atendidas por un solo sirviente. Se maravillaron ante la espléndida belleza y la riqueza de los muebles, alfombras y cortinas. Atravesaron todo aquel emporio y subieron al piso alto, acondicionado con la misma riqueza. El sirviente la
... (... continúa)La mujer que escribía de cocina

Ciro Bianchi Ross
Sus programas de radio y televisión la hicieron enormemente popular. Sus libros batieron siempre récords de venta y sus colaboraciones en la prensa escrita eran buscadas y conservadas por una infinidad de lectoras –y lectores. Pocos autores abordaron el tema de la cocina cubana con tanta extensión y profundidad como Nitza Villapol.
Su labor fue más allá de la simple recopilación y divulgación de recetas, con todo lo importante que eso pueda ser. La autora de Cocina al minuto, su libro más emblemático y difundido, enfrentó la cocina también como un problema económico y dietético que forma parte de la cultura y la nacionalidad, y lo hizo con un rigor no exento de vuelo artístico. “La cocina –aseguraba- es un arte, un arte de cada pueblo, un arte menor que forma parte de la cultura de los pueblos”.
Se dice que su programa televisivo, por las más de cuatro décadas que se mantuvo en pantalla, podría haber sido asentado en el Libro de Guinness. En un tiempo solo lo superaba, en antigüed
... (... continúa)Manuel García

Ciro Bianchi Ross
José Martí rechazó los 8 000 pesos que le ofreció para la guerra porque eran fruto de un secuestro, pero no le negó el derecho a combatir por la independencia de Cuba. Dirá a Máximo Gómez: “Manuel García, en carta triste y sumisa, espera órdenes”. Y el propio Gómez escribe a Francisco Carrillo, jefe de la Revolución en Las Villas: “Cuente con Manuel García”.Pero Manuel García murió el 24 de febrero de 1895, el mismo día en que se iniciaba la Guerra de Independencia. Lo asesinaron cuando se disponía a ponerse al frente del grupo de Juan Gualberto Gómez y Antonio López Coloma alzado en Ibarra. Se dice que se incorporaba con grados de capitán, pero parece ser cierto que clubes de la emigración cubana en Cayo Hueso le confirieron con anterioridad la estrella de comandante. Y se dice que antes de comenzar la contienda Juan Gualberto
... (... continúa)Martí enamorado

Ciro Bianchi Ross
¿De dónde sacó tiempo este hombre para hacer lo que hizo?
Aunó las voluntades independentistas, fundó un partido político, organizó la guerra contra España. Después de los 17 años de edad, cuando salió deportado de Cuba tras cumplir prisión y trabajos forzados pese a su minoría de edad, vivió de manera casi permanente en el exilio. Cursó dos carreras universitarias en España; trabajó como abogado y tenedor de libros, fue maestro en Guatemala, Venezuela y Estados Unidos. Cónsul en Nueva York de varias repúblicas sudamericanas y su representante en conferencias internacionales. Orador. Periodista siempre. Creó y dirigió un periódico, Patria, y publicó varias revistas, entre ellas La edad de oro, para los niños de América, que escribía de cabo a rabo. Redactaba directamente en inglés para periódicos norteamericanos. Hizo teatro, escribió una novela. Como poeta, es de los más grandes del idioma, iniciador del modernismo, aunque a la postre no quepa en ninguna escuela… Sus obras completas –crónicas, artículos, ensayos, literatura, cartas, discursos…- suman casi treinta volúmenes de más de 300 páginas cada uno.
(... continúa)
Era santiaguera la nodriza de Bolívar

Ciro Bianchi Ross
¿Sabía usted que Simón Bolívar escribió a lo largo de su vida 3 275 cartas, dos Constituciones, cientos de leyes y decretos, brindis, artículos periodísticos, proclamas y manifiestos? ¿Sabe que era un genio de la publicidad y que antes de entrar en toda gran ciudad ordenaba que pegaran lienzos con su imagen en las esquinas más céntricas para que después todos lo reconocieran con facilidad? ¿Conoce acaso que a lo largo de su existencia El Libertador recorrió en barco, a caballo y a pie unos 90 000 km –más que Alejandro Magno, Aníbal, Julio César y Napoleón juntos- con lo que hubiera podido darle más de dos vueltas completas a la Tierra? ¿Conocía que de manera documental pueden contársele 17 amores y que ninguno de ellos fue determinante en el derrotero de este hombre marcado por la soledad y al que no se le conoció hijo alguno?
Estos detalles y otros de mayor peso están en un librito de apenas 60 páginas publicado en 1989 por la Casa de las Américas, de La Habana. Se titula Simón Bolívar, y su autor es el cubano Francisco Pividal. Por la cantidad de temas que esboza y a veces agota en tan breve espacio, leerlo es como tener a Bolívar en la mano. Recoge la comparecencia de Pividal ante
... (... continúa)La Amorosa Guajira seguirá sonando

Ciro Bianchi Ross
Jorge González Allué parece ser el autor de una sola melodía: Amorosa guajira. Un velado pesar asomaba tras sus palabras cuando decía que otras composiciones suyas eran tan buenas o mejores que esa, y no alcanzaban la misma difusión ni, remotamente, el mismo éxito. Para él, la Guajira era como una hija que un día decide abandonar a la familia y hacer vida independiente. No es la mejor, afirmaba, es solo la más despierta de todas. Pese a lo extenso de su catálogo –unas 360 piezas- Allué es conocido, sobre todo, por Amorosa guajira. Musicalizó poemas de Nicolás Guillén, escribió música para el teatro y sus canciones, boleros, valses, danzas, criollas y baladas ponen de manifiesto a un músico de alto nivel profesional, genuinamente inspirado y dotado de fina sensibilidad, pero eso apenas se toma en cuenta. Tal vez por eso, cuando le pregunté cuál de todas las que había escrito era su composición preferida, respondió sin vacilaciones: Fatalidad.
Conocí a González Allué hace más 25 años, durante uno de mis entonces frecuentes viajes de trabajo a la ciudad de Camagüey, donde nació y murió
... (... continúa)Era el Bárbaro del Ritmo

Ciro Bianchi Ross
El Benny, una de las producciones más recientes del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos, fue vista en el país, a tres semanas de su estreno, por 223 581 espectadores. Como una “gran gozada” y “una fiesta para el espectador”, calificó la crítica a este primer largometraje del realizador Jorge luis Sánchez. Película “fastuosa”, como pocas filmadas en nuestro país, de esas “en que la conjugación de cada uno de sus elementos […] termina por concretar un espectáculo que cualquier público agradece. Historia en la que lo original y lo trillado –como la vida misma- se dan la mano en función de reconstruir una época y un personaje bajo los acordes de una banda sonora y una música (Osmany Olivares y Juan Manuel Ceruto) de altos vuelos y que valen ellas mismas la película”. Renny Arozarena mereció el premio Boccalino en el reciente 59º Festival de Locarno por su actuación en el papel de Benny Moré.
¿Quién fue ese hombre que a cuarenta y tres años de su muerte permanece vivo en el imaginario popular cubano y hace que decenas de miles de personas quieran ver recreada su vida en la pantalla? ... (... continúa)
Lezama en dos tiempos

Ciro Bianchi Ross
José Lezama Lima vivió en esta casa desde 1929 hasta su muerte, el 9 de agosto de 1976. Cuando llegó a ella estaba a punto de comenzar sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana. Cuando la abandonó para siempre, cuarenta y siete años después, era, desde hacía mucho, uno de los grandes de las letras universales.
Se trata de una casa más bien pequeña. Un día me dijo que tenía veintiséis metros de largo y que, obeso y sedentario como era, la recorría cuatro o cinco veces seguidas cuando sentía que le hacía falta un poco de ejercicio. A la sala de estar seguían un saloncito que hacía las veces de recibidor y los dormitorios, que corrían junto al patio interior. Al fondo, el comedor y la cocina y una pieza más donde el escritor instaló su estudio y que le sirvió durante mucho tiempo para compartir con sus amigos.
Una casa modesta que Lezama Lima, sin embargo, no dejó de considerar nunca como un verdadero palaci
... (... continúa)Cómo murió Lezama Lima

Ciro Bianchi Ross
Nuestro escandaloso cariño te persigueY por eso sonríes entre los muertos.
J. L. L. “Oda a Julián del Casal”
Hace algunos meses el realizador español Enrique Payás me entrevistó para el documental que, por encargo de una televisora española, filmaba en La Habana sobre José Lezama Lima. El diálogo, distendido y abierto, conducido con pericia por el entrevistador, perseguía que yo contara todo lo humano y lo divino de mi relación con el autor de Paradiso a quien conocí personalmente en 1965 y al que, a partir de 1968, traté con asiduidad hasta su muerte, el 9 de agosto de 1976. Ya casi al final, Payás deslizó como al descuido esta pregunta: ¿Cómo murió Lezama? Quizás no había una segunda intención en ella –o tal vez sí-, pero me percaté de que esperaba, al menos, una respuesta espectacular.
María Félix, fría y distante en La Habana

Ciro Bianchi Ross
Buscando en crónicas de hace más de cincuenta años, en periódicos apolillados y fotos descoloridas, el cronista reconstruye un momento de María Bonita en La Habana: un hecho insólito y lamentable cuando una cálida mano masculina provocó el estremecimiento de su cuerpo maravilloso de mujer fatal.
Lo cuenta el poeta Nicolás Guillén en una de sus crónicas: “¡Qué Sarah Bernhardt en sus buenos tiempos, ni qué Raquel Meyer en los suyos! ¡Qué Pastora Imperio, ni Matilde Moreno, ni la Mayendía, ni la Barrientos, ni toda la corte terrestre o celestial de tiples, bailarinas, pugilistas, toreros, tenores, actrices de rango o canzonetistas de cartel prefabricado! La Habana olvidó por unos momentos sus urgentes ocupaciones y galopó hacia el aeropuerto de Rancho Boyeros. Desde las 12 del día hasta la llegada de María Bonita, la sudorosa comitiva fue engrosando sin cesar; llenó los amplios salones de recibo, se desbordó luego por la pista de aterrizaje hasta donde las fuerzas de la policía pudieron permitirlo; invadió las azoteas aledañas y aún se aline&oacu
... (... continúa)Dolores Rondón

Ciro Bianchi Ross
Hacia mil ochocientos sentitantos los que concurrían al Cementerio General de la ciudad de Camaguey –a unos 700 km al este de La Habana- se sorprendían e intrigaban con una décima escrita con letras negras sobre un pedazo de madera de cedro pintado de blanco y sujeto a una estaca que alguien colocó sobre la tierra en la parte norte del primer tramo de la necrópolis, en la zona de los enterramientos anónimos. Era un poema ingenioso y moralizante; original porque al mismo tiempo que censuraba a un ser querido, le censuraba la conducta durante su paso por la vida. La sorpresa crecía a medida que los visitantes advertían que siempre que la tablilla se deterioraba por los efectos del sol y la lluvia era restaurada quizás por la misma mano que la había colocado.
Decía ese epitafio singular:
Aquí Dolores Rondón
Finalizó su carrera.
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... (... continúa)La muerte me está rondando

Ciro Bianchi Ross
Alejandro García Caturla fue uno de los compositores que dio perfil propio a la música latinoamericana. Un artista adelantado a su tiempo en cuanto a intuición creadora. Lo asesinaron en plena juventud. Cuba celebra ahora el centenario de su natalicio“Tu cabeza huela a pólvora”, decía escuetamente la carta anónima recibida, y Alejandro García Caturla, juez de instrucción de Remedios, comprendió que sus enemigos no se detendrían ante nada. Algún tiempo atrás, cuando con igual cargo radicaba en la ciudad de Palma Soriano, salvó milagrosamente la vida la noche en que una lluvia de balas fue lanzada contra su casa. Ahora la muerte lo rondaba de nuevo y de manera tan evidente que el peligro no pasaba inadvertido para familiares y amigos. “Doctor, cuídese, usted es muy joven y es un crimen que le pase algo”, le dijo uno de sus ayudantes, pero ni consejos ni amenazas lograron disuadirlo de sus propósitos. “Si me matan, mala suerte; mi deber está por encima de todo”, expresó Caturla a su mujer antes de que lo asesinaran. Y con un sentimiento de amargo pesar añadió: “Está visto que yo no sé administrar justicia en Cuba”.
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... (... continúa)Hora cubana de Graham Greene

Ciro Bianchi Ross
-Un “aniejo”, por favor.
El barman escuchó el pedido y sonrió. Ya sabía que aquel hombre alto, de escasos cabellos plateados y ojos azul pálido, quería su ron añejo de siempre, esa bebida que, decía, tenía sabor a “madera de barco, a viaje por mar”. Vestía camisa de lino azul y pantalón gris y, pese a su buena pinta, lucía algo desgarbado, como si se hubiera puesto la ropa sin quitarle el perchero. Era un cliente familiar, un huésped que regresaba siempre, un turista reincidente, si tal adjetivo cabía para calificar a Graham Greene, uno de los más grandes novelistas del siglo XX.
El autor de El poder y la gloria vino muchas veces –ocho, diez- a Cuba, y salvo en sus dos últimas visitas, en las que fue huésped del presidente Fidel Castro, con quien compartía durante horas, se alojó siempre en el Hotel Nacional.
En 1959 estuvo aquí con el actor Alec Guinnes y un equipo de realización para filmar algunas escenas de Nuestro hombre en La Habana, basada en su novela homónima. En visitas anteriores lo habían fascinado el daiquirí del Floridita, el sabor delicado del cangrejo moro y la atmósfera nebulosa del Barrio Chino habanero, lo que de alguna manera meti
... (... continúa)Raúl Corrales: De prisa por la vida
Ciro Bianchi Ross La crítica resalta en sus fotografías el tono poético, el poder de síntesis, la capacidad para mostrar los detalles y el tratamiento escultórico de la luz, sin que pierdan por eso el sentido del mensaje directo, una manera de ver la vida y el tratamiento enaltecedor del ser humano. Elevó la foto noticiosa al rango de obra de arte, sin embargo fue siempre reacio a que se le calificara como un artista e insistió en definirse como un fotorreportero a secas. Ahora, al morir a los 81 años de edad, Raúl Corrales deja un archivo de miles de negativos sin imprimir y una obra publicada que le valió en 1996 el Premio Nacional de Artes Plásticas. Una de sus fotos, “El sueño”, está considerada entre las cien mejores imágenes de toda la historia de la fotografía.
-Se ha escrito por ahí que a mí me hubiera gustado ser escultor o pintor –me dijo una vez. A mí, en realidad, me hubiese gustado estudiar música, aunque si volviera a nacer, sería fotógrafo de
... (... continúa)Nosotros y el amor imposible

Ciro Bianchi Ross
Si Total es, como se ha dicho, la pieza más cantada de toda la historia del bolero, ¿dónde queda Nosotros? Aludo, por supuesto, a la melodía imperecedera del compositor cubano Pedro Junco. Reafirmación de amor y despedida es, a la vez, esa canción, expresión de un amor real, pero ya imposible por la cercanía de la muerte. Junco murió a los 23 años de edad, poco después del estreno de su música, y la mujer que lo inspirara ya no estaba a su lado. Sin embargo, muchos años después del suceso ella confesaba a una amiga: “Todavía lo recuerdo”.
Así como se escucha decir con frecuencia que Pedro Junco nació en México y no en Cuba, fueron varias las que en Pinar del Río, la localidad natal del creador, en el occidente de la Isla, se adjudicaron la inspiración de Nosotros. Su autor, que cuando en su caballo blanco recorría las calles de su ciudad, enloquecía a las mujeres, tuvo una vida tan breve como apasionada, y al saberse enfermo de muerte se entregó a excesos que aceleraron el final. Se consumió en sus pasiones; amores tormentosos con mujeres casadas, con la trapecista de un circo… Una vez, más allá de lo explicable y de lo inexplicable, se enamoró de una monja, aunque a nadie le consta que ella le correspondiera… ¿Fue esa monja la que inspiró Nosotros? –inquirí una vez con el escritor Aldo Martínez-Malo, muy cercano, al igual
... (... continúa)La Habana de Hemingway

Por Ciro Bianchi Ross
“Amo este país y me siento como en casa; y allí donde un hombre se siente como en casa, aparte del lugar donde nació, ese es el sitio al que estaba destinado”, decía el autor de El viejo y el mar en alusión a CubaErnest Hemingway vivió en esta casa los últimos 22 años de su vida. Cuando se instaló en Finca Vigía –a unos 30 minutos del centro de La Habana- estaba a punto de concluir Por quién doblan las campanas. Al abandonarla para siempre, había recorrido ya como escritor el camino de la fama y merecido el Premio Nobel. En la finca quedaron entonces su Royal portátil, las tumbas de sus perros, unos 50 gatos y los nueve mil volúmenes que atesoró a lo largo de su vida y que muchos años después harían exclamar a García Márquez: “¡Qué biblioteca más rara tenía este hombre!”
Hemingway llegó a Cuba en la primera quincena de abril de 1928. Junto a Pauline Pfeiffer, su segunda esposa, hizo aquí el tránsito para Cayo Hueso, donde concluiría Adiós a las armas. Volvió en 1932 para pescar agujas en las aguas cubanas. Regresó en 1933 y escribió la primera de sus crónicas de tema cubano. A partir de entonces no se desvincularía jamás de esta “isla larga, hermosa y desdichada”, como llamó a Cu
... (... continúa)Constante

Ciro Bianchi Ross
Todavía a comienzos del siglo XX en Cuba, donde no se conocía o no era popular la palabra “coctel”, se hablaba de compuestos, meneados o achampanados para aludir a las mezclas de bebidas. La ginebra compuesta, que deleitara a nuestros bisabuelos, era la liga de esa bebida con azúcar, limón y angostura, enfriada con hielo, mientras que el achampanado no era más que ron, coñac o vermut mezclado con agua de seltz y azúcar. El tren, otro de los tragos preferidos de antaño, se elaboraba con ginebra y agua de cebada.
Había en ese tiempo una taberna famosa llamada La Piña de Plata. Fue fundada en 1819 y se ubicaba a la vera de una de las puertas de la muralla que entre 1797 y 1863 rodeaba y protegía “la primitiva, modesta, sencilla, patriarcal y pequeña ciudad de San Cristóbal de La Habana”. Una casona de ventanales buidos, a la que acudían petimetres, músicos, militares, faranduleros y hombres de toda laya gustosos de saborear la sabrosa ginebra compuesta, el vaso de agua con anís y panales, el típico vermut “voluntario”, el licor de piña o el sabroso aguardiente de guindas, mientras las señoras, en sus quitrines, bajo el quitasol de seda, saboreaban pastillas de frutas, sorbetes y vasos de refrescos elaborados a partir de las frutas del país.
... (... continúa)Eliseo Grenet

Ciro Bianchi Ross
Ese día Eliseo Grenet, el popularísimo creador de Mamá Inés, estaba más alegre que nunca. Su sucu-sucu Felipe Blanco que, como quien dice, acababa de componer, se adueñaba, con su ritmo contagioso, de la preferencia de los bailadores y en aquella jornada, en un estudio privado de Radiocentro, adquiría matices inéditos en las voces y guitarras del trío de Servando Díaz que, con la asesoría del propio Grenet, lo montaba con vistas a su presentación inminente en el teatro América. Los compases del sabroso son pinero –“Ya los majases no tienen cueva/ Felipe Blanco se las tapó…”- escapaban por la puerta entreabierta del local y contagiaban a artistas y a empleados de la CMQ cuando alguien se acercó al compositor para comunicarle, no sin cierta complacencia, que de nada valía ensayar tanto cuando la Comisión de Ética Radial había resuelto suspender la difusión de la pieza.
Grenet pareció restar importancia al comentario; no quiso darlo por cierto y prosiguió con su trabajo como si nada le hubiesen dicho, pero era inútil que fingiera indiferencia. Sabía muy bien que aquella suspensión podía comprometer el éxito &nb
... (... continúa)


